El fútbol internacional se rinde ante el dolor del deporte argentino tras la confirmación de una medida excepcional en los máximos estamentos del fútbol mundial.
En medio del luto que sacude a las canchas del país por la partida de uno de los caudillos más grandes de la historia albiceleste, las gestiones de la dirigencia local lograron un histórico aval para que las estrellas del seleccionado lleven el duelo en la piel durante su próximo compromiso internacional.
Histórico aval de Zúrich: el pedido de «Chiqui» Tapia tras el adiós a un prócer
El fallecimiento del mítico Antonio Rattín generó una profunda conmoción social que trascendió las fronteras de nuestro país, activando de inmediato los mecanismos institucionales en la cúspide del deporte global. En una resolución de alta carga emotiva, la entidad madre del fútbol mundial, la FIFA autorizó que Argentina utilice brazalete negro por el fallecimiento de Rattín. La aprobación llegó luego de una solicitud formal y urgente presentada por Claudio «Chiqui» Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), permitiendo así que la Selección Mayor rinda tributo en el campo de juego a quien fuera un pilar indiscutido de la camiseta nacional.
El popular «Rata» dejó una huella imborrable vistiendo los colores de la Selección Argentina, un legado que justifica con creces la celeridad del homenaje aprobado por las autoridades internacionales. A lo largo de su destacada trayectoria, el aguerrido mediocampista defendió el orgullo patrio convirtiéndose en dos veces subcampeón de América con la Albiceleste, además de representar con honor al país en las máximas citas ecuménicas de los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966, portando la cinta de capitán con un liderazgo que marcó a fuego a las generaciones posteriores.
El caudillo que obligó a inventar las tarjetas y el dolor de todo el pueblo xeneize
La figura de Antonio Rattín excede largamente las fronteras de las estadísticas ordinarias para instalarse de lleno en la mitología universal del fútbol. Considerado uno de los futbolistas más representativos y pasionales de la historia de Boca Juniors y del combinado nacional, el volante central disputó un total de 382 partidos oficiales con la camiseta xeneize —el único club de su carrera—, donde convirtió 28 goles y conquistó seis prestigiosos títulos nacionales que lo elevaron al altar eterno de la Bombonera. Su imponente presencia física y temperamento dentro de la cancha lo transformaron en un símbolo de la garra y el sentido de pertenencia.
Sin embargo, el hito que lo transformó en una leyenda mundial ocurrió precisamente en el Mundial de Inglaterra 1966, durante un escandaloso y recordado partido ante los locales en el estadio de Wembley. Su polémica e histórica expulsión en aquel encuentro, donde el jugador se negó a abandonar el campo alegando no entender el idioma del árbitro alemán, desencadenó un quiebre absoluto en la historia de este deporte. Aquel tenso episodio empujó de forma directa a la FIFA a incorporar de manera obligatoria las tarjetas amarillas y rojas en los arbitrajes para evitar futuras barreras lingüísticas. Con el permiso concedido al seleccionado, el fútbol local despedirá a un hombre que cambió las reglas del juego para siempre.
