Guerra en Medio Oriente: sube el precio de fertilizantes y amenaza al campo.
El recrudecimiento del conflicto bélico en Medio Oriente ha encendido las alarmas en el sector agroindustrial argentino. Más allá del tradicional monitoreo sobre el valor del petróleo, el foco de preocupación se ha desplazado hacia el gas natural y, por decantación directa, hacia los fertilizantes. Dado que el gas representa el 80% del costo de producción de la urea —el principal nutriente nitrogenado—, la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz ya impacta en los costos de reposición locales.
Esta situación reviste una importancia crítica para la estructura productiva nacional, considerando que Argentina importa cerca del 50% de los fertilizantes que consume. Según Infobae, en 2025 el país destinó más de USD 2.000 millones a la compra de estos insumos, encadenando dos años consecutivos de aumento en las importaciones, una dinámica que ahora se ve amenazada por el cierre de rutas logísticas y el retiro de ofertas por parte de los principales traders globales.
El salto de la urea y el impacto en el trigo y el maíz
El mercado de la urea ha sido el más afectado por la crisis. En apenas una semana, los precios internacionales experimentaron subas de entre 23 y 80 dólares por tonelada. Este incremento responde a la parálisis en el Estrecho de Ormuz, un corredor vital por donde circula un tercio del comercio mundial de fertilizantes. La reacción fue inmediata: los productores retiraron ofertas y las aseguradoras comenzaron a retirar coberturas, llevando los valores a niveles cercanos a la crisis energética de 2022.
Para el productor argentino, el panorama es complejo. El maíz y el trigo concentran el 70% del uso de fertilizantes en el país, siendo la urea el insumo estrella para estos cultivos. En Sudamérica, el costo de flete y producto (CFR) ya registró un aumento de 160 dólares por tonelada para la urea en solo siete días. «En Argentina la reacción de la cadena comercial fue defensiva. Importadores y distribuidores prácticamente se retiraron del mercado ante la dificultad de estimar costos de reposición», advierte el reporte de la consultora Ingeniería en Fertilizantes (IEF).
Logística en jaque y el factor de la soja
Aunque la soja explica solo el 8% del consumo nacional de fertilizantes, no queda exenta de la volatilidad. El fosfato monoamónico (MAP), esencial para la oleaginosa, también sufrió aumentos de 50 dólares por tonelada en la última semana. La incertidumbre sobre las exportaciones desde Arabia Saudita y el encarecimiento de materias primas como el azufre y el amoníaco han llevado a los proveedores a adoptar posturas extremadamente cautelosas.
La oferta global se encuentra altamente concentrada y actualmente fragmentada. La producción en Qatar se ha visto afectada por ataques a la infraestructura energética, mientras que en Irán —principal importador de maíz abastecido por Brasil— la actividad productiva se detuvo. Esta parálisis logística obliga a buscar orígenes alternativos en un momento donde la demanda en Estados Unidos presiona los precios debido a la proximidad de su siembra de primavera.
Mayo: el mes clave para las decisiones de importación
Afortunadamente, el campo argentino se encuentra atravesando la etapa de cosecha, lo que reduce la urgencia de aplicación inmediata. Sin embargo, el margen de maniobra es estrecho. Los especialistas señalan que, si bien el grueso de las compras externas ocurre en el segundo semestre, las decisiones estratégicas de importación deben tomarse a más tardar en mayo.
El escenario para el productor local dependerá de la evolución del conflicto y de la reapertura de las vías logísticas. Con una relación de precios cada vez más desfavorable entre el costo de los fertilizantes y el valor de los commoditiesagrícolas, el sector se mantiene en estado de alerta. El riesgo de abastecimiento para la próxima campaña es real si la volatilidad no cede, lo que podría comprometer los niveles de productividad en un año donde el ingreso de divisas por exportaciones agrarias es vital para la economía nacional.




