La amenaza del STIA de frenar el inicio de la temporada de langostino en aguas provinciales se desinfló en tiempo récord.
Tras el revés judicial que ratifica las investigaciones penales sobre la conducción sindical, SICONARA y SOMU tomaron distancia: nadie arriesgará la zafra por salvar causas ajenas.
El viejo axioma de la política sindical volvió a cumplirse con precisión quirúrgica en los muelles de Chubut: hay dirigentes a los que los compañeros acompañan hasta la puerta del cementerio, pero ninguno entra con ellos. El secretario general del STIA Chubut, Luis Núñez, acaba de comprobarlo en carne propia al quedarse prácticamente en soledad en su intento de paralizar la pesca e impedir el inicio de la temporada de aguas provinciales.
En los últimos días, la escalada de declaraciones de Núñez auguraba un conflicto de proporciones mayúsculas. Con la excusa de la disputa que mantiene con la firma Agropez / Conarpesa, el líder de la alimentación intentó presionar al gobierno de Nacho Torres y arrastrar al resto de los sindicatos marítimos a un paro total de actividades. La jugada pretendía blindar gremialmente una situación que, puertas adentro de los tribunales de Puerto Madryn, no para de complicarse: la ratificación de que tanto Núñez como José «Pepe» Díaz y los referentes de su conducción seguirán bajo la lupa e investigados por la Justicia penal.
El repliegue de los maquinistas, marineros y trabajadores del Stia
La postal de supuesta unidad sindical duró un suspiro. Bastó que se fijara el inicio de la prospección de langostino para que el frente marítimo le soltara la mano al STIA.
El primero en recular fue el SICONARA. Su titular, Jorge Maldonado, pasó de coquetear con una medida de fuerza conjunta a emitir un comunicado lapidario donde aclaró de manera tajante: “No existe, por parte de nuestra organización, ningún conflicto que justifique demorar el inicio de la temporada”. La advertencia de las cámaras armadoras y la certeza de que sus propios maquinistas no están dispuestos a ceder un solo día de mareas disciplinaron el discurso.
En el SOMU el escenario fue idéntico. La conducción de Rawson atemperó cualquier amague de solidaridad activa luego de que las bases marcaran la cancha: los marineros quieren salir a pescar, tienen acuerdos salariales cerrados y están alistados en los barcos a la espera de la orden de zarpe. El sindicato nacional que conduce Raúl Durdos optó por el perfil bajo y clausuró cualquier aventura de huelga.
De la causa penal al relato gremial
La pérdida de sustento en los muelles no es casual. Días atrás, el presidente de Conarpesa, Fernando Álvarez Castellano, había puesto blanco sobre negro: “Acá no hay conflicto laboral, hay causas penales. Se les viene la noche en el plano judicial y quieren usar a otros gremios como escudo”.
El sector empresarial y los propios trabajadores de base detectaron la maniobra: intentar transformar acusaciones judiciales por delitos comunes en una causa gremial colectiva. Sin embargo, ni el SOMU, ni SICONARA, ni el SUPA compraron el boleto y mucho menos los trabajadores del Stia.
Ningún dirigente del agua está dispuesto a que sus representados pierdan salarios millonarios por sostener una trinchera judicial ajena.
Aislado y sin eco en las plantas
Aislado del frente marítimo, Núñez debió conformarse con respaldos testimoniales en redes sociales provenientes de gremios ajenos a la actividad extractiva —como los trabajadores de seguridad privada de UPSAP o sellos políticos locales como el del colorado Bowen de Chubut Futuro que pretendería «zarparle» la caja de Nuñez en Ados para financiar su precandidatura a Gobernador.
Incluso en las plantas procesadoras de la alimentación el descontento es palpable: el personal de planta no quiere un parate y exige trabajar en una temporada que representa el sustento económico fundamental del año y pretenden más, que no le sigan metiendo la mano en su sueldo porque hasta de lo no renumerativo va a parar el dinero de los trabajadores a Ados.
Con la prospección en marcha y los motores de la flota amarilla encendidos, la estrategia del mandamás del STIA parece haber agotado sus cartuchos. En el muelle manda el langostino salvajr y, frente al avance de la Justicia, los gremios marítimos ya dejaron en claro que hasta el cementerio llegan todos, pero adentro no entra nadie.
