Una noche histórica que debía ser de pura fiesta y emoción nacional terminó convirtiéndose en el escenario de una durísima condena pública contra la máxima autoridad del fútbol argentino.
Durante la despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina, el presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia, vivió la jornada más amarga de su gestión al sufrir un rechazo masivo y transversal en el Estadio Monumental, quedando expuesto en el inicio de una era donde ya no contará con la figura del capitán rosarino como escudo protector.
Insultos en los cuatro costados y una cábala que debió cancelar.
El repudio contra el dirigente sanjuanino comenzó incluso antes de que los futbolistas realizarán la entrada en calor. Los cantos e insultos («Chiqui Tapia, botón…») retumbaron en todo el estadio, desde los sectores preferenciales y la prensa hasta la popular ocupada por la barra de River, Los Borrachos del Tablón. A pesar de que desde el entorno de la AFA intentaron instalar que los reclamos estaban «orquestados» o ligados únicamente a la disputa institucional con la dirigencia de River, la evidencia demostró que la bronca emanó de los cuatro costados de la cancha.
El clima hostil fue de tal magnitud que Tapia tomó la decisión de esconderse y no pisar el césped del Monumental. La situación lo obligó a suspender su habitual cábala de fotografiarse en el campo de juego cuando las tribunas aún están vacías. Tampoco se lo vio en la previa, coincidiendo con el momento en que el presidente de River, Stefano Di Carlo, le entregó en sus oficinas una placa, la camiseta y el carnet de socio honorario a Messi, una postal en la que no hubo ningún dirigente de la AFA presente.
Refugio entre bicicletas fijas: la premiación secreta en un gimnasio.
El rechazo popular forzó un insólito operativo de control de daños para la entrega de reconocimientos al capitán argentino. Aunque estaba planificado un acto central en el medio del campo junto al titular de la Conmebol, Alejandro Domínguez, y el presidente de la Federación Venezolana, Jorge Giménez, el homenaje debió trasladarse de urgencia a un gimnasio interno del estadio.
Entre cintas para correr, bicicletas fijas y cajas de utilería, Tapia le entregó a Messi cuadros con miniaturas de sus camisetas y trofeos, una bandera y réplicas de las copas obtenidas. Domínguez, por su parte, le obsequió un mate, un anillo, la pelota de la final ante Colombia y una réplica de la Copa América 2024. A diferencia de otros eventos deportivos donde se suele subir el volumen de los parlantes para disimular las silbatinas, esta vez los cánticos de la gente se escucharon con total nitidez.
Un show fallido, fallas técnicas y el descontento popular acumulado.
El enojo de los hinchas reflejó un caldo de cultivo que acumula años de desgaste: la desorganización del torneo local de 30 equipos, los permanentes cambios de reglamento, los cuestionados arbitrajes, las causas judiciales contra dirigentes y el elevado costo de las entradas. A esto se sumó un espectáculo deficiente organizado por la empresa Marketing Sports Argentina (propiedad de Mariano Camerota), marcado por fallas de sonido, baches de tiempo, la interrupción del recital de Sergio Torres por un corte eléctrico y momentos poco emotivos. El pico de indignación ocurrió cuando la organización utilizó drones para formar en el cielo el nombre de un sponsor comercial de la AFA, lo que desató una ovación de insultos coordinada contra Tapia.
Este antecedente suma un nuevo capítulo a las desaprobaciones previas que ya había sufrido el dirigente, como en el recital de Andrés Calamaro en 2025 o durante el homenaje a Juan Román Riquelme en La Bombonera en marzo de 2026. Ya de madrugada, Tapia intentó un control de daños en sus redes sociales publicando una carta abierta dirigida a Messi en primera persona del plural, destacando el camino recorrido juntos. Sin embargo, en los pasillos de Viamonte reina la preocupación: sin la presencia de Messi en la cancha, el escudo de la AFA deja de ser el del ídolo para volver a ser el del controvertido fútbol argentino.
