A falta de diez días para la sesión pedida por la oposición en la Cámara baja, la tensión política escala al máximo.
El oficialismo puso en marcha una estrategia contrarreloj para blindar el megadecreto y evitar un golpe legislativo que jaquee la columna vertebral de su programa económico.
Cuenta regresiva y negociaciones bajo presión
El reloj corre para La Libertad Avanza, que no puede dejar ningún cabo suelto si pretende mantener con vida el DNU 70/23. Este decreto de necesidad y urgencia, firmado por el presidente Javier Milei en el arranque de su administración, no solo barrió con la Ley de Tierras Rurales, sino que también sepultó regulaciones históricas como las leyes de Góndolas, Abastecimiento y Compre Nacional.
Además, desreguló las prepagas, eliminó organismos clave como el INYM y la ANLAP, abrió la puerta a la privatización de Aerolíneas Argentinas, instauró los «cielos abiertos» y quitó los topes de interés a las tarjetas de crédito. Con tantos intereses cruzados, el futuro del decreto se convirtió en una cuestión de supervivencia política.
El factor judicial y la presión en la calle
El escenario se precipitó tras un largo letargo legislativo. Cabe recordar que en enero de 2024, el juez Ernesto Kreplak frenó temporalmente los efectos sobre la Ley de Tierras mediante una cautelar, y aunque el Senado rechazó el DNU en marzo de ese año, la iniciativa había quedado en pausa. Sin embargo, un reciente fallo de la Corte Suprema abrió una «caja de pandora» que aceleró los tiempos institucionales.
Ante esto, la oposición apostó fuerte a capitalizar el descontento social y las masivas movilizaciones. Para este martes se organizó una marcha a Tribunales impulsada por las CTA y movimientos sociales, mientras que para el 15 de octubre —día clave en el Congreso— confluirán protestas de sectores universitarios, organizaciones de discapacidad y autoconvocados contra la extranjerización de tierras.
La estrategia oficialista: seducción y pragmatismo
Frente a este mapa caldeado, el Poder Ejecutivo no se queda de brazos cruzados. Sabiendo que la pulseada en el recinto será áspera, el oficialismo intensificó las negociaciones y los agasajos con los gobernadores dialoguistas —como Gustavo Sáenz, Rolando Figueroa y Raúl Jalil—, logrando alinear voluntades clave tras la gira por el Argentina Week en París.
Asimismo, en un intento por desactivar el temario opositor que busca seducir quórums con iniciativas sobre discapacidad y sobreendeudamiento familiar, el bloque libertario ya planifica habilitar debates propios para octubre. En el peor de los escenarios, desde las filas oficiales sostienen que se aplicará el clásico «principio de revelación» impulsado por Milei: que cada legislador deba mostrar públicamente de qué lado de la raya se ubica.
