En una jornada cargada de emotividad, encuentros familiares y homenajes en todo el territorio argentino, millones de personas se reúnen para agasajar a la figura materna en un domingo muy especial.
Sin embargo, detrás de esta emblemática festividad que moviliza a la sociedad entera existe un singular origen histórico y religioso que diferencia a la Argentina del resto de las naciones del mundo, donde la fecha suele conmemorarse durante la primavera del hemisferio norte.
De los claveles de Anna Jarvis a los primeros festejos en la Argentina
La historia moderna de esta conmemoración nació en Estados Unidos en 1905 por iniciativa de Anna Jarvis, quien impulsó un homenaje para su madre, Ann Reeves Jarvis, activista por las condiciones sanitarias durante la Guerra Civil. El 10 de mayo de 1908 se realizaron las primeras celebraciones repartiendo claveles blancos, y en 1914 el presidente Woodrow Wilson consagró oficialmente el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre, aunque Jarvis terminó repudiando la posterior mercantilización comercial del evento.
En la Argentina, la festividad desembarcó en las primeras décadas del siglo XX de la mano de la Asociación Cristiana de Jóvenes y del Ejército de Salvación en mayo de 1918. En aquellos años se realizaban reuniones familiares con entrega de tarjetas y flores: claveles blancos para recordar a las madres fallecidas y encarnados para homenajear a las vivas. Incluso, varias instituciones organizaban celebraciones en diferentes momentos del año y hasta durante las festividades navideñas.
La festividad religiosa del Papa Pío XI que cambió el calendario nacional
La razón crucial por la cual la Argentina celebra esta fecha en octubre responde estrictamente a la tradición católica. En 1931, al conmemorarse los 1.500 años del Concilio de Éfeso (realizado en el año 431 y que proclamó a María como Madre de Dios), el papa Pío XI instituyó para toda la Iglesia la festividad de la Maternidad Divina de la Virgen María, la cual se fijó por decreto pontificio en enero de 1932 para el 11 de octubre.
A partir de ese hecho, en el país se tomó dicha referencia litúrgica para agasajar a todas las madres, estableciendo que la celebración tuviera lugar el domingo más cercano a esa jornada religiosa. Con el transcurso de las décadas, la costumbre quedó definitivamente arraigada en el tercer domingo de octubre como una tradición nacional inamovible, constituyendo una oportunidad única para compartir almuerzos, entregar obsequios y expresar gratitud en el seno familiar.
