Una impactante advertencia sanitaria ha puesto en máxima alerta a las autoridades de salud y a la comunidad científica internacional.
Un mortífero moho negro, capaz de invadir el tejido cerebral y generar lesiones irreversibles en cuestión de días, ha experimentado un drástico e inexplicable aumento de contagios en los Estados Unidos. La situación genera profunda inquietud entre los infectólogos debido a su altísimo nivel de letalidad y a la falta de respuestas sobre qué está disparando su propagación.
El voraz hongo «C. bantiana»: abscesos cerebrales, ceguera y convulsiones
La alarma fue emitida por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a través de un estudio publicado en su Morbidity and Mortality Weekly Report. El trabajo analizó muestras de un laboratorio de la Universidad de Washington e identificó 48 casos confirmados y uno probable entre enero de 2009 y julio de 2026. Las detecciones del moho se cuadruplicaron entre 2023 y 2025, pasando de un promedio anual de entre uno y cinco casos a registrar 14 contagios en 2025.
El patógeno responsable es el Cladophialophora bantiana, un moho negro presente en el suelo y materia orgánica en descomposición a nivel global. Este hongo tiene una predilección letal por el sistema nervioso central, donde forma abscesos llenos de pus y tejido muerto que provocan trastornos como inflamación, convulsiones, pérdida de visión y pérdida de memoria. La infección acarrea una tasa de mortalidad alarmante de entre el 60% y el 70%, incluso cuando los pacientes reciben tratamiento. De los 49 casos analizados, el 88% se detectó en tejido cerebral intracraneal y el 12% en muestras pulmonares.
Diagnósticos confundidos con tumores y pacientes sanos en la mira
Uno de los aspectos más preocupantes señalados por los expertos es que el C. bantiana afecta tanto a personas inmunodeprimidas como a individuos totalmente sanos, ya que aproximadamente la mitad de las víctimas no registraba enfermedades previas. La presunta vía de contagio ocurre mediante la inhalación de las esporas o a través de la inoculación directa en una herida abierta en la piel.
Asimismo, el diagnóstico complejo representa una carrera contra el tiempo: las lesiones en el cerebro suelen confundirse inicialmente con un tumor cerebral, lo que retrasa de forma crítica el inicio del tratamiento antifúngico agresivo y la cirugía para drenar el absceso. Los casos se distribuyen en 21 estados y el Distrito de Columbia, liderando California con seis infectados, seguido por Florida y Texas con cinco cada uno. Todo esto sucede mientras los científicos no logran explicar las causas del brote y Estados Unidos carece de una red de vigilancia nacional para monitorear el avance del hongo.
