Emanuel Sebastián Rojas fue declarado culpable por el asesinato de Óscar Adolfo «el Mono» Gutiérrez, ocurrido el 3 de septiembre de 2024. El jurado popular descartó la versión de legítima defensa impulsada por la defensa y avaló la hipótesis fiscal de un ataque letal. La frase que selló el veredicto: «Ocho puñaladas no son defensa, son un ataque mortal».
La justicia de Chubut dictó un veredicto contundente. Emanuel Sebastián Rojas fue declarado culpable por el homicidio de Óscar Adolfo Gutiérrez, el trabajador de 45 años conocido como «el Mono», quien murió desangrado la noche del 3 de septiembre de 2024. El veredicto, alcanzado tras dos horas de deliberación de un jurado popular, no solo cerró la etapa de discusión sobre los hechos, sino que también marcó un fuerte respaldo a la teoría de la Fiscalía, que desde el inicio sostuvo que se trató de un ataque letal y no de un acto de defensa.
La frase que sintetizó el fallo: «Ocho puñaladas no son defensa»
Una de las frases que más impactó durante los alegatos finales fue pronunciada por el fiscal Fidel González: «Ocho puñaladas no son defensa, son un ataque mortal». Esa idea sintetizó el eje central de la acusación, que buscó demostrar la desproporción del accionar del imputado y descartar de plano cualquier hipótesis de legítima defensa.
El jurado popular, compuesto por ciudadanos comunes, se inclinó por la evidencia científica y los testimonios presentados por la Fiscalía, descartando la versión impulsada por la defensa de que Rojas había actuado para proteger su propia vida.
Las pruebas que sellaron la condena
El veredicto se apoyó en una estructura probatoria sólida que, para la acusación, no dejó lugar a dudas. Entre los puntos clave se destacó la diferencia en el estado físico de los involucrados: mientras Rojas presentaba un nivel mínimo de alcohol en sangre (0,11 g/l), la víctima registraba 1,99 g/l, lo que reducía notablemente su capacidad de reacción.
A esto se sumó el informe forense, que confirmó que Gutiérrez recibió múltiples heridas de arma blanca, siendo una de ellas —que atravesó el pulmón y alcanzó el corazón— la que resultó mortal. Otro elemento que pesó fue la conducta posterior al ataque: testigos indicaron que, lejos de detenerse, el acusado regresó al interior de la vivienda y continuó agrediendo a la víctima cuando ya se encontraba gravemente herida.
La noche que terminó en tragedia
Los testimonios brindados durante el juicio permitieron reconstruir con precisión cómo se desencadenó el hecho. Según relataron Anabela Caneo y Luciano Jaramillo, la noche comenzó como una reunión habitual entre conocidos, con música y consumo de alcohol. Sin embargo, cerca de las 22:00, la situación cambió abruptamente.
De acuerdo con la acusación, Rojas comenzó a mostrarse hostil, interpelando de manera insistente a los presentes y generando un clima de tensión creciente. Pese a los intentos por calmarlo, el joven apagó la música, se sentó frente a los demás en actitud desafiante y provocó la confrontación. El conflicto escaló rápidamente. En medio del forcejeo, Rojas extrajo un cuchillo de unos 25 centímetros que llevaba consigo y atacó a Gutiérrez en reiteradas oportunidades.
Un dato que también fue valorado por la acusación fue una frase que el imputado habría dicho tras el hecho: «Me cansó». Para los fiscales, esa expresión reflejaba un estado de enojo más que una reacción defensiva ante un peligro inminente.
Una defensa que no logró convencer
La estrategia de la defensa se centró en sostener que Rojas actuó en legítima defensa, argumentando que había sido víctima de una agresión previa que lo obligó a reaccionar para salvar su vida. Según esa versión, el joven habría sufrido una golpiza que justificaba su accionar.
Sin embargo, los informes médicos jugaron en contra de esa hipótesis. Los profesionales que examinaron al imputado poco después del hecho solo detectaron lesiones leves, como un moretón y un raspón, sin evidencia de heridas graves o fracturas que respaldaran el relato de una agresión de magnitud.
Antes de que el jurado se retirara a deliberar, Rojas hizo uso de su derecho a decir sus últimas palabras. «Pónganse en mi lugar, ¿qué hubieran hecho?» , planteó ante los ciudadanos. Sin embargo, esa apelación no alcanzó para revertir el peso de las pruebas acumuladas durante el juicio.
La reacción en la sala y lo que viene
En la sala, la reacción fue contenida pero elocuente. La familia de la víctima, que siguió cada jornada con atención y angustia, dejó escapar lágrimas de alivio al escuchar la palabra «culpable». Del otro lado, Rojas permaneció impasible, sin gestos visibles, acompañado por sus abogados.
El proceso, sin embargo, aún no terminó. Este viernes se definirá la fecha del debate por la pena, donde se determinará la condena que deberá cumplir Rojas. Con la responsabilidad penal ya establecida, el proceso judicial ingresa ahora en su tramo final.




