El oro está ahí abajo y la Patagonia ya lo está buscando. El proyecto minero Calcatreu, impulsado por la empresa Patagonia Gold en Río Negro, avanza en su fase operativa con una maquinaria que no se detiene: voladuras controladas, protocolos de seguridad extremos y un plan de cierre ambiental que ya está escrito antes de que se agote la veta.
El yacimiento, ubicado a unos 90 kilómetros de Ingeniero Jacobacci y a pocos kilómetros del límite con Chubut, se convirtió en un espejo incómodo para la provincia vecina, donde el debate minero sigue dividiendo a la política y a la sociedad.
Replicados por medios patagónicos, el supervisor de Salud y Seguridad Ocupacional de la compañía, Lázaro Páez, detalló el paso a paso de cada detonación, un ritual que no deja nada librado al azar.
Voladuras quirúrgicas: media hora de silencio, chequeos y una cuenta regresiva que parece ciencia ficción
Cada voladura en Calcatreu se realiza bajo una secuencia estricta que comienza media hora antes de la detonación con el despeje total del área de trabajo. El operativo contempla cortes de acceso, verificación de zonas despejadas y controles minuciosos en tres momentos clave: a los 10 minutos se chequean equipos y sectores críticos; a los 5 minutos se establece silencio radial absoluto, liberando todas las frecuencias para el procedimiento; y luego se activa la cuenta regresiva final antes de la explosión.
La operación utiliza tecnología de voladuras electrónicas instantáneas, un sistema de última generación que busca reducir riesgos y mejorar la precisión del proceso. Tras cada explosión, personal especializado inspecciona la zona antes de rehabilitar la circulación interna. Desde la empresa remarcaron que los horarios de voladura fueron coordinados previamente con las comunidades cercanas, en un intento por evitar sobresaltos y conflictos con los pobladores de la región.
Actualmente se realizan entre cuatro y cinco detonaciones por campaña, con una frecuencia de cada dos o tres días, aunque ese ritmo podría incrementarse hasta alcanzar una voladura diaria cuando el proyecto logre su mayor nivel de producción.
El plan de cierre: cianuro biodegradable, paisaje restaurado y una promesa que genera expectativa
Uno de los puntos que más atención genera entre los críticos de la minería es qué pasará cuando el oro se acabe. En Calcatreu, el plan de cierre ya está previsto al detalle y la empresa salió a contarlo.
La primera etapa contempla la inertización de las pilas de lixiviación, mediante un tratamiento destinado a neutralizar la solución cianurada utilizada para la extracción de oro. Desde la firma señalaron que el cianuro empleado es biodegradable y que, combinado con procesos técnicos y exposición natural al ambiente, puede degradarse progresivamente hasta alcanzar niveles seguros.
Una vez completada esa etapa, el plan prevé remodelar topográficamente el terreno intervenidopara recuperar formas similares a la geografía original del área y, finalmente, avanzar con tareas de revegetación utilizando especies adaptadas al ecosistema patagónico.
Chubut mira de reojo: el gigante minero que crece del otro lado de la frontera
El desarrollo de Calcatreu genera expectativa en Río Negro, pero también despierta atención —y cierto recelo— en Chubut, donde varios proyectos mineros permanecen frenados por la resistencia social y las restricciones legales. La cercanía geográfica del yacimiento con el límite provincial convirtió al emprendimiento en una vidriera inevitable para los que defienden la minería como motor de desarrollo y para los que la rechazan por sus potenciales riesgos ambientales.
Mientras en Río Negro las voladuras se suceden con precisión quirúrgica y el plan de cierre ya está diagramado hasta el último detalle, del lado chubutense el debate minero sigue abierto, con una ley de zonificación que restringe la actividad y una sociedad que no termina de decidir si quiere o no convivir con la minería a gran escala. Calcatreu late a 90 kilómetros de la frontera, y su pulso se escucha cada vez más fuerte.
