Aliado inesperado en el Atlántico: el histórico y poco recordado gesto de Cabo Verde con Argentina en la Guerra de Malvinas.
En pleno desarrollo del Mundial 2026, donde los hilos del destino deportivo vuelven a cruzar a la Selección Argentina con Cabo Verde, las páginas de la historia geopolítica desempolvan un lazo de hermandad y soberanía muy profundo entre ambas naciones. Durante la Guerra de Malvinas de 1982, el archipiélago africano protagonizó un audaz y poco recordado episodio diplomático al negarle al Reino Unido el uso de su principal terminal aérea, una decisión que significó un valioso respaldo político para la causa argentina frente al colonialismo británico.
Aquel conflicto bélico, que se inició el 2 de abril de 1982 con el desembarco de las tropas argentinas en las islas y culminó el 14 de junio de ese mismo año tras 74 días de resistencia, dejó un saldo imborrable de 649 argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños fallecidos. En ese marco de extrema tensión internacional, la postura de Cabo Verde brilló por su autonomía ante las potencias occidentales.
La importancia estratégica del Aeropuerto de Sal
Para dimensionar el impacto de la negativa caboverdiana, es necesario comprender la geografía del Atlántico. El Aeropuerto Internacional Amílcar Cabral, ubicado estratégicamente en la isla de Sal, era una pieza codiciada por la Real Fuerza Aérea británica debido a su posición privilegiada a mitad de camino hacia el Atlántico Sur y a las generosas dimensiones de su pista principal, que alcanzaba los 3.000 metros de longitud, una extensión ideal para el despegue y reabastecimiento de aeronaves de gran porte.
Mantener una fuerza militar activa a miles de kilómetros de su territorio obligó al Reino Unido a sortear un desafío logístico sin precedentes en la historia moderna. Ante el portazo diplomático de Cabo Verde, la campaña británica debió reconfigurar sus cartas náuticas y depender exclusivamente de la Isla Ascensión, un territorio británico en el Atlántico medio, para concentrar el apoyo de sus aviones Hércules y buques de guerra.
Autonomía y dignidad frente a las presiones de las potencias
Al cerrarle los cielos y las pistas a la corona británica, el gobierno de la joven república de Cabo Verde —que se había independizado de Portugal apenas siete años antes, en 1975— envió un mensaje contundente de no alineación y apoyo implícito a los reclamos de soberanía del pueblo argentino.
Este hito histórico demuestra que, mucho antes de cruzarse en un campo de juego en los Estados Unidos, las dos naciones compartieron un momento de sintonía en el tablero internacional, donde el pequeño archipiélago africano no dudó en desafiar el poderío logístico de una de las principales potencias de la OTAN.
