Con proyecciones de superar los 2.000 millones de dólares anuales, quince empresas argentinas desembarcaron en París para promover productos del Mar Argentino. La industria busca hacer frente a la caída de precios impulsada por el langostino de cultivo y frenar el desvío del reprocesamiento a terceros países.
En el marco de la “Semana Argentina” celebrada en la capital francesa, quince empresas pesqueras nacionales desplegaron una estrategia de promoción internacional para posicionar las especies emblemáticas del Mar Argentino —el langostino salvaje y austral junto a la vieira patagónica— en los segmentos gastronómicos de mayor valor. La iniciativa busca sostener el ritmo de un sector clave para las arcas nacionales: la pesca se ubica como el octavo complejo exportador del país, habiendo generado 1.676 millones de dólares en los primeros ocho meses del año, con la meta de perforar el piso de los 2.000 millones para el cierre del ejercicio.
Pese al volumen de divisas generado, el sector enfrenta dos condicionantes estructurales en el mercado externo que amenazan la rentabilidad de las capturas locales: la pérdida del proceso de agregado de valor en plantas nacionales y el impacto de la sobreoferta global de mariscos de criadero.
La brecha de costos con Perú y el fenómeno del langostino de cultivo
El langostino salvaje argentino se mantiene como la nave insignia del sector, con envíos por 746 millones de dólares entre enero y agosto. Sin embargo, una porción creciente de las ventas internacionales no se realiza de forma directa desde puertos argentinos. Debido a los elevados costos de la mano de obra local en comparación con otros países de la región, el proceso de «pelado y desvenado» se ha trasladado masivamente a plantas de Perú y, de manera incipiente, a Paraguay.
Los números confirman la magnitud del fenómeno: durante 2025, el 69% de las colas de langostino salvaje argentino peladas y desvenadas que ingresaron a Estados Unidos provino de reexportaciones desde Perú, superando el volumen despachado directamente desde la Argentina. Se trata de un esquema inexistente antes de 2021 que priva a las plantas nacionales del valor añadido industrial.
A este escenario se suma la competencia del langostino vannamei, un crustáceo de cultivo impulsado por China cuya producción global alcanzó los 7,7 millones de toneladas en 2025 —un volumen 34 veces superior a la captura total de langostino salvaje argentino—. Esta sobreoferta mundial impactó de lleno en las cotizaciones: la brecha de precio que favorecía al producto argentino por su superioridad en textura y sabor se redujo del 60% en 2016 a solo un 30% en la actualidad, dificultando su diferenciación en las góndolas del canal minorista.
Certificaciones, aranceles y la apuesta por la calidad premium
Frente a la presión en los supermercados, las empresas exportadoras concentran sus esfuerzos en el canal Horeca (Hoteles, Restaurantes y Catering), donde las propiedades organolépticas del producto del Atlántico Sur son fuertemente cotizadas. En esta línea, la vieira patagónica —un molusco capturado por solo dos empresas en el país— se afianza como una pieza gastronómica de alta gama en el mercado francés y norteamericano.
Para consolidar la presencia en los nichos de mayor valor adquisitivo, la industria local acelera sus esquemas de auditoría ambiental y trazabilidad. En ese sentido, el presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (Capeca), Eduardo Boiero, enfatizó la trascendencia de validar el origen de las capturas:
«La calidad y la trazabilidad son prioritarias, así como los avances en certificaciones internacionales de sustentabilidad, como el sello MSC (Marine Stewardship Council), que audita la pesca sostenible», remarcó el dirigente armatorial.
En el plano comercial, la producción argentina cuenta con una ventaja competitiva en el mercado de Estados Unidos, donde tributa un arancel de importación del 10%, la tarifa más baja entre los países competidores (frente al 17% que afronta la India). Asimismo, la administración norteamericana no ha aplicado medidas antidumping contra el caladero argentino, lo que otorga una ventana de oportunidad para sostener los envíos directos frente al avance del reprocesamiento externo.
