Las enfermedades cardiovasculares continúan encabezando las estadísticas como la principal causa de muerte a nivel mundial.
Sin embargo, persiste el peligroso mito social de que los problemas del corazón afectan primordialmente a los hombres. Durante el marco del Día Mundial del Corazón, especialistas advirtieron sobre el severo subdiagnóstico que sufren las mujeres, cuyas afecciones coronarias suelen pasar desapercibidas al manifestarse de formas completamente atípicas y engañosas.
Síntomas invisibles: por qué el infarto femenino se confunde fácil
A diferencia de la sintomatología masculina tradicional —donde predomina el dolor opresivo en el pecho—, el organismo femenino expresa las emergencias cardíacas mediante señales imprevistas. El cardiólogo Gustavo Quevedo (MP 3041) remarcó que las manifestaciones en las mujeres suelen incluir falta de aire, dolores localizados en la mandíbula, molestias agudas en la espalda o dolores punzantes en la zona del estómago.
El médico enfatizó que cualquier alteración en la respiración o molestia torácica que aparezca incluso ante mínimos esfuerzos debe encender las alarmas inmediatas. Si bien estos síntomas no siempre derivan en un diagnóstico coronario, la tasa de subdiagnóstico femenino obliga a realizar una consulta médica urgente frente a la primera señal atípica.
Diabetes, menopausia y chequeos clave a partir de los 35 años
El panorama clínico femenino se vuelve aún más complejo al considerar la influencia de patologías metabólicas y cambios hormonales. El especialista advirtió que las mujeres con diabetes presentan un riesgo cardiovascular sensiblemente mayor. Asimismo, durante las etapas de perimenopausia y menopausia, las fluctuaciones hormonales suelen desencadenar variaciones metabólicas severas, entre las que destacan el incremento repentino de la presión arterial y el aumento de los niveles de colesterol.
Ante este escenario, la medicina preventiva resulta la herramienta más eficaz para evitar desenlaces fatales. Se recomienda de forma enfática que todas las personas adultas comiencen a realizarse chequeos cardiovasculares periódicos a partir de los 35 años. La detección precoz de los factores de riesgo permite implementar tratamientos oportunos que evitan infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares (ACV) y graves complicaciones futuras.
