Introducida en 1888 en Santa Fe para la caza deportiva, la especie colonizó el país, ingresó a 40 parques nacionales y se expandió a Chile, Uruguay, Brasil y Bolivia. El impacto en la agricultura y los ecosistemas nativos.
En 1888, una decisión destinada al entretenimiento de las clases acomodadas cambió para siempre la configuración biológica del país. Cuatro parejas de liebres europeas (Lepus europaeus) fueron liberadas en una estancia cercana a Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe, con el objetivo de fomentar la caza deportiva, una práctica habitual entre la aristocracia de la época.
Más de 130 años después, aquellos ocho ejemplares iniciales —sumados a introducciones posteriores en Buenos Aires y Córdoba— dieron origen a una población estimada en decenas de millones de individuos que ocupan casi la totalidad del territorio argentino, con excepción de Tierra del Fuego y sectores del norte.

Adaptación biológica y velocidad de reproducción
La rápida dispersión de la liebre europea por la llanura pampeana, las regiones áridas y la Patagonia respondió a un conjunto de ventajas adaptativas clave:
-
Ciclo reproductivo: Madurez sexual en el primer año de vida y capacidad de generar entre dos y tres camadas anuales de 3 a 5 crías cada una.
-
Supervivencia y velocidad: A diferencia de los conejos, no construyen madrigueras; descansan en depresiones del terreno y apelan a su velocidad y maniobrabilidad para esquivar depredadores.
-
Dieta flexible: Consumo de hierbas, brotes, arbustos, frutos y cortezas.
Según datos del Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales, la especie ya registra presencia confirmada en 40 áreas protegidas nacionales, además de haber atravesado las fronteras hacia Chile, Uruguay, Brasil y Bolivia.
Impacto ambiental, productivo y competencia con especies nativas
La consolidación de esta especie invasora generó severas consecuencias en los sectores agrícolas y forestales, provocando daños sostenidos en cultivos de cereales, frutas y hortalizas.
En el plano ecológico, la liebre afecta la regeneración de bosques nativos en la Patagonia y compite por alimento con el ganado doméstico y con la mara (Dolichotis patagonum), conocida como liebre patagónica. Asimismo, la sobrealimentación en los mallines —humedales patagónicos de alta sensibilidad— acelera los procesos de erosión, evaporación y desertificación del suelo.
La liberación iniciada en 1888 se constituye hoy como un caso testigo sobre los riesgos ambientales que representan las especies introducidas en hábitats ajenos a su evolución natural.
