Un brutal e inesperado diagnóstico sobre el presente de la Liga Profesional de Fútbol sacudió el ámbito deportivo.
El campeón del mundo con la Selección Argentina, Nicolás Tagliafico, rompió el silencio con declaraciones sumamente críticas sobre las estructuras organizativas y el nivel competitivo del campeonato local. El lateral izquierdo de 34 años dejó en claro su malestar con el formato de los torneos actuales de Primera División y reveló sin filtros cómo el paulatino deterioro de la competencia afectó su vínculo afectivo con la actividad en el país.
Cambios de formato y la pérdida de la calidad histórica.
El ex capitán de Independiente y surgido de las inferiores de Banfield explicó que sigue muy poco la competencia local, justificando que no solo se debe al desfase horario por su residencia en Europa, sino a un desencanto progresivo con la propuesta del país. Tagliafico confesó que empezó a «perder el amor por el fútbol argentino» debido a la clara degradación del espectáculo en comparación con las épocas en que creció viendo los tradicionales torneos Apertura y Clausura de 20 equipos, los cuales mutaron tras años de reestructuraciones hasta mantener ligas de más de 24 clubes divididos en zonas.
El «3» del seleccionado nacional cuestionó con firmeza la división de la máxima categoría en dos grupos y dejó entrever un dato clave para el futuro de su carrera: un hipotético retorno a las canchas del país dependerá directamente de que exista una reestructuración profunda en el formato de los torneos de la AFA.
La automatización de los futbolistas y el fin del ingenio.
Más allá de la crisis organizativa del fútbol argentino, el defensor analizó la evolución táctica del deporte global y lamentó la dependencia extrema que existe hacia las instrucciones de los entrenadores. A su criterio, las nuevas generaciones de futbolistas juegan de manera «más automática», enfocadas en recepciones y pases veloces para mantener la posesión, pero relegando por completo la improvisación y la creatividad en la cancha.
Tagliafico argumentó que, si bien dar herramientas tácticas resulta fundamental, imponer esquemas rígidos genera partidos «muy chatos» e impide que los jugadores alcancen su máximo potencial en un deporte que se distingue por su dinamismo. En definitiva, una dura advertencia sobre la pérdida de la esencia futbolística que enciende las alarmas en el ámbito nacional.
