Operativo en Los Alerces: clave hidráulica para frenar el fuego.
La lucha contra los incendios forestales en la cordillera no solo depende del clima, sino de una ingeniería de combate que pocas veces se percibe desde afuera. El despliegue actual en el Parque Nacional Los Alerces ha alcanzado un nivel de complejidad técnica extremo, donde la logística para trasladar el agua hacia los puntos calientes y el desgaste físico de las cuadrillas definen el éxito de cada jornada.
La prioridad absoluta de los comandos de emergencia es hoy evitar que el frente ígneo salte barreras naturales críticas, lo que podría poner en riesgo directo a las zonas pobladas.
El despliegue estratégico y la prioridad en el Lago Futalaufquen
El foco de atención se sitúa actualmente en el brazo norte del Lago Futalaufquen, específicamente en su cara oeste. Según Red43, el Director de Lucha contra Incendios Forestales y Emergencias (DLIFE), Ariel Amthauer, detalló que el objetivo central es impedir que las llamas alcancen el Estrecho de los Monstruos.
La importancia de este punto es estratégica: si el fuego logra cruzar este sector, tendría vía libre hacia el cordón del Cerro Dedal y, eventualmente, hacia Villa Futalaufquen, un escenario que los brigadistas intentan evitar mediante la apertura de fajas de penetración y el uso intensivo de medios aéreos.
Desgaste físico y la complejidad de las cadenas de motobombas
Llevar el agente extintor hasta el corazón del incendio requiere una operación hidráulica de precisión. Los jefes de cuadrilla deben diseñar cadenas de motobombas que compensen la pérdida de presión por la altura y la distancia, un trabajo técnico que se realiza bajo condiciones de calor sofocante.
A este desafío se suma el sacrificio de los combatientes; cada brigadista carga sobre sus hombros unos 15 kilos solo en manguerías, peso al que debe sumarse su mochila de ataque con agua, víveres y equipo de seguridad, enfrentando jornadas agotadoras para afianzar las líneas de defensa en terrenos de difícil acceso.
Situación actual de los focos y balance de hectáreas afectadas
El operativo también mantiene brigadas activas en Bahía Rosales y en el Lago Ito, un sector detrás del cerro Alto El Petiso que demandó tres días de trabajo previo para permitir el ingreso de personal.
En cuanto a la superficie devastada, el balance es alarmante: se estiman unas 15.000 hectáreas dentro de la jurisdicción del Parque Nacional y otras 8.000 por fuera de la Portada Norte, superando un total de 23.000 hectáreas afectadas.
Aunque el clima actual es estable, el alerta persiste ante el pronóstico de vientos intensos para el próximo fin de semana, lo que podría complicar las tareas de contención definitivas.




