Burnout en Argentina: por qué el agotamiento social se convirtió en la nueva normalidad.
Argentina se posiciona actualmente como el país con mayor nivel de burnout de toda la región. Este diagnóstico, analizado por la politóloga y docente Piera Fernández en diálogo con Infobae a la Tarde, revela una sociedad atrapada en una aceleración crónica donde el tiempo libre, lejos de ser un espacio de descanso, se ha transformado en una carga o en un mandato de productividad personal.
La especialista sostiene que la verdadera disputa política y social de los próximos años no será solo económica, sino por la soberanía del tiempo. «Los argentinos tienen la sensación de que están corriendo, de que el tiempo no alcanza», afirmó Fernández, subrayando la imposibilidad material de acceder al ocio pleno en el contexto actual.
Trabajar para ser pobre: la trampa de la subsistencia
El agotamiento argentino tiene una raíz económica innegable. Según las estadísticas de la UCA de 2025, el 54% de los trabajadores ocupados son pobres por ingresos. Esto implica que el esfuerzo laboral ya no garantiza la salida de la precariedad. «Estamos corriendo detrás de llegar a fin de mes, más que por un salario en sí», explicó la politóloga.
A esta presión se suma el crecimiento del endeudamiento familiar y la morosidad, que asfixian el bolsillo de los ciudadanos. La falta de previsibilidad sobre el costo de vida —desde el alimento diario hasta el valor de un boleto estudiantil— genera un estrés sostenido que impacta directamente en la salud mental de la población.
La carga invisible: mujeres y tareas de cuidado
El desglose por género profundiza la crisis. Según datos del INDEC, las mujeres en Argentina destinan casi siete horas diarias a tareas de cuidado y hogar no remuneradas. Fernández fue contundente al respecto: «Si vos me preguntás para qué me falta tiempo, yo diría: me falta tiempo para terminar de limpiar y descansar después de limpiar».
A pesar de las promesas tecnológicas que auguraban una reducción del trabajo doméstico, la realidad muestra lo contrario. Los estándares de limpieza y cuidado se han vuelto más exigentes, y esa presión recae mayoritariamente sobre las madres, eliminando cualquier posibilidad de tiempo libre real.
El ocio bajo sospecha y el mandato meritocrático
Incluso cuando se logra un momento de respiro, el mandato de la productividad se impone. El tiempo libre se ha convertido en una carrera por mejorar la salud física, la salud mental o la apariencia en redes sociales. Esta «obsesión psicológica» por la mejora permanente responde a un discurso meritocrático donde el éxito o el fracaso dependen exclusivamente del esfuerzo individual.
«Para muchos, estar tirado en el sillón es un privilegio», advirtió Fernández. El derecho a la contemplación y al «estar al pedo» para fomentar la creatividad parece haber quedado fuera de la agenda pública, mientras la política argentina discute urgencias o debates que, en palabras de la especialista, miran hacia atrás en lugar de anticiparse a los desafíos del siglo XXI.
Crisis de salud mental en jóvenes
El impacto de este modelo de vida ya se refleja en el sistema sanitario. En 2025, las consultas de jóvenes por salud mental en el Hospital de Clínicas de la UBA aumentaron un 30%. La incertidumbre sobre el futuro y la exigencia de un rendimiento constante están quebrando la resistencia de las nuevas generaciones, que no encuentran en las instituciones respuestas acordes a su malestar.




