El oro pierde su brillo: por qué el metal no funciona como refugio ante la guerra.
El mercado financiero global asiste con asombro a un fenómeno contraintuitivo: mientras el conflicto bélico en Irán escala, el oro, históricamente el refugio seguro por excelencia, atraviesa un marcado desplome. Tras haber alcanzado un máximo histórico de US$ 5.417,21 la onza troy el pasado 28 de enero, el metal precioso ha retrocedido casi US$ 1.000 en menos de dos meses, situándose actualmente en torno a los US$ 4.600.
Esta caída ha arrastrado también a las acciones del sector minero. Los inversores posicionados en Barrick Mining Corp. (B) han sufrido pérdidas superiores al 15% en lo que va de 2026, desdibujando las ganancias de un rally que parecía no tener techo tras tres años de subidas consecutivas.
La trampa de la liquidez en tiempos de crisis
Expertos de mercados, como Emanoelle Santos de XTB Latam y Diego Montalbetti de Capitaria, coinciden en que el comportamiento del oro responde a una «trampa de liquidez». Ante la fuerte corrección en las bolsas (con el S&P 500 y el Nasdaq en mínimos), los grandes inversores institucionales se ven obligados a vender sus activos más líquidos —como el oro— para cubrir pérdidas en otros sectores o generar efectivo inmediato.
Este patrón, similar al observado en la crisis de 2008 y la pandemia de 2020, demuestra que en momentos de estrés extremo, el oro puede moverse en la misma dirección que las acciones debido a la necesidad urgente de capital.
El factor petróleo y el costo de oportunidad
Otro factor determinante es el precio del petróleo, que supera los US$ 100 por barril. Esta subida alimenta las presiones inflacionarias globales y limita la capacidad de la Reserva Federal para recortar las tasas de interés.
Con tasas elevadas, el oro pierde atractivo frente a activos que sí generan rendimientos directos, como los bonos del Tesoro de EE. UU. En este escenario, el dólar estadounidense se ha consolidado como el principal refugio, dejando al metal precioso en una posición técnica de sobreventa tras el rally previo al conflicto.
Perspectivas a largo plazo: ¿sigue siendo alcista?
A pesar del desplome actual, el consenso de los grandes bancos de inversión mantiene un sesgo bullish (alcista) para el futuro. Analistas sostienen que los factores estructurales siguen vigentes:
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Fragmentación geopolítica: La inestabilidad global fomenta la tenencia de metales a largo plazo.
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Déficits fiscales: El elevado gasto de las principales economías debilita las monedas fiduciarias.
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Demanda de bancos centrales: Los organismos internacionales continúan diversificando sus reservas hacia el oro.
Si bien el corto plazo está condicionado por la volatilidad y la fortaleza del dólar, el mercado espera identificar el punto de inflexión que habilite un nuevo impulso para el metal precioso una vez que se estabilice la demanda de liquidez.




