En un movimiento clave para la diplomacia regional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, recibió este jueves a su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en el Despacho Oval de la Casa Blanca
El encuentro, que se extendió por tres horas e incluyó un almuerzo de trabajo, marca un intento formal por normalizar los vínculos bilaterales tras un período de marcadas tensiones comerciales y políticas. Aunque se esperaba una comparecencia conjunta, la agenda se modificó a último momento, delegando las declaraciones del mandatario sudamericano a la sede de su embajada.
Una agenda marcada por aranceles y seguridad
A través de sus canales oficiales en Truth Social, Donald Trump calificó la jornada como «muy productiva», destacando el carácter «dinámico» de Lula da Silva. El foco principal de la charla estuvo puesto en el intercambio mercantil, específicamente en la espinosa cuestión de los aranceles que ha afectado a Brasil desde el inicio del nuevo mandato republicano. Cabe recordar que sectores estratégicos como el acero y el aluminio brasileño enfrentan cargas del 25%, lo que motivó incluso presentaciones ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por parte del gobierno de Brasilia.
Más allá de lo económico, la reunión abordó la cooperación en seguridad. Ambos países ratificaron su compromiso para combatir el crimen organizado y el tráfico internacional de armas y drogas, reforzando un acuerdo de intercambio de información aduanera que busca desarticular rutas ilícitas mediante investigaciones rápidas y conjuntas.
Diálogo técnico para el futuro bilateral
La nutrida delegación brasileña, que incluyó a ministros de Relaciones Exteriores, Finanzas, Justicia y Minas y Energía, refleja la complejidad de los temas en juego: desde minerales críticos hasta la resolución de disputas arancelarias. Trump confirmó que representantes de ambos países ya tienen pactadas reuniones técnicas para profundizar en los puntos clave discutidos durante la tarde.
Este acercamiento se produce luego de que Washington implementara un arancel global temporal del 10% a principios de 2026, suavizando parcialmente algunas medidas proteccionistas previas, aunque manteniendo la presión sobre las materias primas básicas. Con este encuentro, ambas potencias intentan dejar atrás las críticas cruzadas por cuestiones judiciales y políticas internas para centrarse en una agenda de beneficio mutuo en el continente.
