Boca Juniors atraviesa un presente futbolístico brillante: gana, gusta, golea por 3-0 a Unión y pelea en todos los frentes.
La clave del rotundo éxito tras años de incertidumbre no pasa únicamente por los refuerzos trazados por Juan Román Riquelme —como las llegadas de Montero, Lozano y Villa—, sino por la conducción técnica de Rodolfo Martín «El Vasco» Arruabarrena. El entrenador impuso límites estrictos desde su llegada al prescindir de nombres de peso como Edinson Cavani y Herrera, marcando una clara división de funciones donde el técnico maneja el equipo y la dirigencia el club.
Del barro a la excelencia: levantó rendimientos y potenció a los pibes
El impacto táctico y actitudinal del «Vasco» elevó el nivel de todo el plantel xeneize. Leandro Paredes brilla como manija del equipo, flanqueado por Milton Delgado y Santiago Ascacíbar en la mitad de la cancha. A su vez, Miguel Merentiel recuperó eficacia, Leandro Brey responde bajo los tres palos, Lautaro Blanco despliega su potencia por la banda e Ignacio Aranda alcanzó el nivel que lo llevó a la Selección. Asimismo, jugadores golpeados o cuestionados como Alan Velasco, Carlos Palacios y Facundo Alarcón encontraron un sistema claro que los respalda, mientras juveniles como Lautaro Di Lollo, Mateo Mendia y los pibes Flores y Jagger ganan espacio de forma ordenada.
La goleada 3-0 ante el conjunto conducido por Leonardo Madelón reflejó a la perfección la mano del entrenador. Tras abrir la cuenta con un certero cabezazo de Di Lollo luego de un centro de Paredes, Arruabarrena llevó con paciencia al juvenil Flores, quien ingresó en el momento justo para liquidar el pleito con dos golazos. A pesar de sufrir las bajas por lesión de Tomás Belmonte y Velasco, el DT evitó cualquier tipo de excusa y apeló a la filosofía histórica de Carlos Bianchi para confiar en la cantera. Aunque el propio Arruabarrena insista en que «todavía no se ganó nada», Boca volvió a volar y sus hinchas celebran un equipo con identidad y fútbol de alto vuelo.
