Los centros de votación abrieron en todo el territorio para definir una elección marcada por la paridad absoluta en las encuestas. El alineamiento geopolítico, el peso del Congreso y los votos clave en las favelas y el sector religioso definen el futuro del gigante sudamericano.
Más de 158 millones de brasileños acuden este domingo a las urnas para elegir al próximo presidente de la República en un balotaje de desenlace abierto. La contienda enfrenta al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la continuidad de su proyecto político, y al dirigente liberal Flávio Bolsonaro, quien llega fortalecido tras haberse impuesto en la primera vuelta por un 47% contra un 45% de los sufragios.
Con encuestas que marcan una paridad técnica absoluta en la intención de voto, la definición dependerá del comportamiento de los electores indecisos, el volumen de votos en blanco y nulos, y el nivel de abstención. En este tramo final, ambas plataformas volcaron sus mayores esfuerzos en seducir a los más de dos millones de votantes que residen en las favelas de Río de Janeiro, un electorado disputado metro a metro entre el trabajo territorial del oficialismo en áreas populares y la hegemonía que conserva la oposición sobre el voto religioso.

Músculo en el Congreso e impacto en la geopolítica global
El resultado de esta jornada no solo determinará la conducción del Poder Ejecutivo, sino que reconfigurará la posición de Brasil en el mapa geopolítico mundial:
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Modelo multilateralista (Lula da Silva): Propone consolidar las relaciones multipolares y profundizar el intercambio estratégico con China, actual socio comercial número uno del país.
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Alineamiento con Washington (Flávio Bolsonaro): Promueve un acercamiento directo con la administración de Donald Trump y los gobiernos de derecha de la región, un viraje que es seguido con extrema atención por la Casa Blanca.
En el plano legislativo, el panorama ya muestra un importante avance de la oposición. El Partido Liberal (PL) conquistó un volumen histórico en las elecciones generales, asegurando 28 bancas en el Senado federal y más de 120 escaños en la Cámara de Diputados. Esta representación parlamentaria resulta un factor clave para el plan de gobierno de Bolsonaro, especialmente en relación con su promesa de otorgar un indulto presidencial a su padre, Jair Bolsonaro.
Un cierre de campaña cruzado por debates y batallas judiciales
La etapa previa al balotaje estuvo marcada por la polarización y los cruces en las presentaciones televisivas. Mientras Lula apostó por su trayectoria y solvencia discursiva para defender los indicadores de gestión, Flávio Bolsonaro centró sus intervenciones en duras críticas hacia la administración del gasto público estatal. En paralelo, los apoderados legales de ambos partidos mantuvieron una intensa pulseada en los tribunales para intentar la impugnación de candidaturas cruzadas, medidas que fueron desestimadas por el fuero electoral.
Los centros de sufragio permanecerán abiertos hasta la tarde bajo el sistema de voto obligatorio. Con el cierre de las mesas, el Tribunal Superior Electoral dará inicio al escrutinio mediante las urnas electrónicas, previéndose los primeros datos oficiales consolidados durante el transcurso de la noche.
