Un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas alertó que el sector opera apenas al 45,3% de su capacidad instalada y cerró más de 500 establecimientos en un año. En paralelo, el encarecimiento de la canasta alimentaria desplazó al asado de las mesas de los hogares.
El impacto del contexto económico continúa reconfigurando la estructura productiva y los patrones de consumo en la Argentina. Según un informe presentado por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la cadena conformada por la industria textil, indumentaria, cuero y calzado perdió 16.536 puestos de trabajo formales en junio frente al mismo mes de 2025, representando el 31% de la destrucción total del empleo industrial del país.
La contracción se reflejó también en el cierre de empresas: en junio se contabilizaron 4.282 establecimientos activos, lo que implicó la pérdida de 517 unidades productivas en 12 meses (un promedio de 43 cierres por mes). Entre enero y julio de 2026, la producción del sector acumuló un retroceso del 22,6% interanual, con un uso de la capacidad instalada que se desplomó al 45,3%.

Mantenimiento de dotaciones y llamado del sector productivo
Desde la entidad remarcaron que el ritmo de destrucción de empleo se aceleró de manera notable en el último período, pasando de 650 despidos mensuales a casi 1.380 puestos destruidos por mes.
Al analizar el cuadro de situación que atraviesan las plantas manufactureras, la gerenta general de FITA, Celina Pena, advirtió sobre las complicaciones operativas que enfrentan las fábricas:
«Las empresas quieren trabajar, pero la industria textil opera con más de la mitad de su capacidad sin utilizar», enfatizó Pena, al tiempo que reclamó condiciones para sostener el trabajo registrado.
A pesar del parón productivo, la evolución de los precios del rubro se mantuvo contenida. Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, las prendas de vestir y el calzado registraron una suba del 11%, ubicándose muy por debajo de la inflación general del 33,5%.
Giro histórico en el consumo: el pollo destronó a la carne vacuna
El reajuste de los presupuestos familiares se trasladó directamente a la alimentación. Por primera vez en la historia del país, el consumo de pollo superó al de la carne vacuna: en los últimos doce meses alcanzó los 47 kilos por habitante, frente a los 46,2 kilos registrados por el producto bovino, cifra que representa el piso más bajo para ese período desde 1990.
La brecha de precios en los mostradores explica el reemplazo en las dietas de la población:
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Carne vacuna vs. Pollo: Un kilo de carne vacuna equivalió al valor de 3,6 kilos de pollo entero.
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Carne vacuna vs. Cerdo: Un kilo de carne bovina igualó el costo de 1,9 kilos de pechito de cerdo.
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Récord del porcino: El consumo de carne de cerdo alcanzó un máximo histórico de 20,1 kilos por habitante.
