El presidente ucraniano denunció que Estados Unidos y sus socios no advirtieron a Kiev sobre la respuesta militar del Kremlin tras el ataque a San Petersburgo. Washington rechazó un parate en la inteligencia, mientras Donald Trump volvió a arremeter contra la gestión ucraniana.
En medio de una dramática escalada del conflicto militar en Europa del Este, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, lanzó una dura acusación pública contra las potencias occidentales. El mandatario denunció que Kiev y sus regiones adyacentes quedaron totalmente desprotegidas y sin alertas previas por parte de sus socios ante un masivo ataque de misiles balísticos rusos.
La ofensiva militar del Kremlin se produjo como respuesta directa a los bombardeos ejecutados el domingo por las fuerzas ucranianas contra la ciudad rusa de San Petersburgo. De acuerdo con el Ministerio de Defensa de Rusia, los ataques nocturnos apuntaron contra instalaciones de la industria militar, depósitos de drones, almacenes de misiles de crucero y centros de datos en la capital ucraniana.
La tercera falla de inteligencia en una semana y el déficit defensivo
La falta de alertas tempranas encendió la alarma en las cúpulas militares de la capital. Según confirmó el portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, Yuri Ignat, en rueda de prensa televisada, se trata de la tercera vez en un plazo de siete días en que los aliados no notifican con antelación los movimientos de largo alcance de la aviación rusa, impidiendo que la población civil pueda acudir a tiempo a los refugios.
«Se produjo un nuevo ataque de misiles balísticos rusos en varias tandas durante la noche y, de nuevo, no hubo ningún aviso previo de nuestros socios», remarcó Zelenski a través de sus redes sociales, detallando que las fuerzas rusas dispararon un total de 16 misiles balísticos y cientos de aeronaves no tripuladas.
Ignat puntualizó que si bien la Fuerza Aérea logró neutralizar 4 misiles de crucero y 243 de los 269 drones lanzados por Moscú, la vulnerabilidad de las defensas locales ante la tecnología balística enemiga es crítica por el desabastecimiento de sistemas interceptores.
Cruce de acusaciones con la Casa Blanca y la presión de Washington
Las declaraciones del liderazgo ucraniano hallaron una inmediata respuesta de la diplomacia norteamericana. Durante un viaje oficial a Samarcanda (Uzbekistán), el jefe de la diplomacia de EE. UU., Marco Rubio, rechazó de plano cualquier tipo de congelamiento en el flujo de información estratégica:
«No ha habido ninguna pausa», afirmó Rubio categóricamente ante la prensa, aunque lanzó una severa advertencia dirigida a Kiev al considerar que el mandatario ucraniano «debe centrarse en poner fin a la guerra».
Esta controversia ocurre en medio de acusaciones cruzadas entre Zelenski y el presidente estadounidense Donald Trump. A través de su plataforma Truth Social, Trump celebró supuestos avances en las negociaciones bilaterales con Moscú para garantizar la distribución de combustibles a cambio de alivios sancionatorios, cuestionando duramente la postura defensiva del Gobierno ucraniano:
«A Zelenski no le importa y, francamente, con todo el dinero que, como es bien sabido, le está dando Europa… no quiere que esta guerra termine, y probablemente nunca lo ha querido», aseveró el líder de la Casa Blanca.
Zelenski no tardó en responder a las apreciaciones de Washington, rechazando la idea de una rendición incondicional y apuntando contra el freno en las entregas de armamento defensivo ya financiado por Europa:
«Ucrania nunca ha querido esta guerra, y hemos dado la bienvenida, literalmente, a CADA intento de nuestros socios por ponerle un final digno», replicó el presidente ucraniano, advirtiendo en una entrevista paralela concedida a Bloomberg que la administración norteamericana busca «convencer a Ucrania de que capitule» al congelar la llegada de misiles antibalísticos clave para la protección ciudadana.
