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La escritora Victoria Ocampo, el Mundial de México 1986, Diego Maradona y Lionel Messi aparecen como las máximas referencias argentinas por las que millones de habitantes de Indonesia, Bangladesh y la India siguen hoy con tanta pasión a la Selección nacional que dirige Lionel Scaloni, y por las que celebraron la clasificación a octavos de final en Qatar 2022.

En las últimas horas, y tras el partido que disputó la Scaloneta contra Polonia, en las redes sociales se hicieron virales imágenes de ciudadanos de Bangladesh que se juntaron en la ciudad de Daca para festejar el pase de fase. También se viralizaron videos y fotos en las que se pueden ver los festejos de millones de indonesios e indios en las calles de esos países.

¿Pero por qué los países asiáticos demuestran tanta pasión por la Selección?

«El amor (por el equipo argentino) nació en relación al romance de Victoria Ocampo con el escritor de Bangladesh, Rabindranath Tagore», contó el presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Bangladesh, Alim Talukder Al Razi. Y según relató, esa pasión siguió por el apoyo diplomático de Argentina a la victoria en la guerra de liberación cuando el país se independizó en 1971.

En declaraciones radiales, Al Razi comentó que luego, el amor por la Selección siguió con el gol de Diego Maradona contra los ingleses en 1986: «A partir de ahí se generó un gran amor por el equipo de Argentina».

En tanto, Mohammad Nehal Abedin Tonmay, traductor y agente de fútbol en Bangladesh, contó a Cristina Perez, en Radio Rivadavia, que fue a partir de ese gol que más de la mitad del país, es decir más de 80 millones de habitantes, se enamoraron de la Selección.

«En 1986 cuando nuestra gente vio el gol de Maradona se enamoraron de Diego y así está locura ha llegado a Bangladesh. Y ahora esto continúa con Messi. Todo el mundo quiere despertar a la noche para ver jugar a la Argentina», señaló.

 

El Parlamento Europeo aprobó este miércoles una resolución que califica a Rusia como un “país promotor del terrorismo” a raíz de sus “ataques deliberados y las atrocidades contra la población ucraniana” tras la invasión del país vecino, y pidió a los 27 países del bloque que acompañen ese reconocimiento.

La resolución, adoptada por 494 votos a favor, con 58 en contra y 44 abstenciones, también identifica a Rusia como “un Estado que utiliza medios terroristas”. También reclamó a la Unión Europea un nuevo marco jurídico para clasificar a estos Estados y restringir las relaciones del bloque comunitario con dichos países.

“La destrucción de infraestructuras civiles y otras violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario constituyen actos de terror contra la población ucraniana y crímenes de guerra”, lamentó el Parlamento Europeo.

La Eurocámara emitió una resolución en la que volvió a condenar estos ataques “cometidos por Rusia en persecución de objetivos políticos destructivos en Ucrania y otros países”.

El Mundial de Qatar, que se inició este domingo, lleva vendidas más 2.950.000 entradas, de acuerdo con lo informado por la FIFA, con lo que superó con amplitud los 2.400.000 tickets que se expendieron en el anterior torneo jugado en Rusia en 2018.

A la vez, el mayor ente del fútbol internacional estimó que al final de la competencia se llegará a recaudar un total de 7.200 millones de euros exclusivamente por la venta de boletos.

De ese modo, la cifra prevista en un principio será superada en alrededor de mil millones de euros.

La información la ofreció el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ante la presencia de los representantes de las 211 federaciones miembro de la entidad, a lo que agregó: «Estos resultados se valoran mucho más si se considera la pandemia de Covid que se padeció y la crisi que atraviesa el mundo».

En lo que respecta a la adquisición de localidades para la presente Copa del Mundo, los anfitriones qataríes marchan a la vanguardia; en segundo lugar se ubican sus vecinos de Arabia Saudita y le siguen Estados Unidos, México, Gran Bretaña, Emiratos Arabes Unidos, Argentina, Francia, India y Brasil.

Solo el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, está habilitado a abrir conversaciones de paz con Rusia, dijo el viernes la Casa Blanca, al rechazar la idea de que presionaba a Kiev para negociar con Moscú, tras casi nueve meses de la invasión que provocó la muerte de miles de personas, el desplazamiento de millones y un fuerte impacto en la economía global.

“Todos estamos de acuerdo en que un acuerdo diplomático negociado es lo mejor a hacer además de que (el presidente ruso, Vladimir) Putin simplemente retire sus tropas”, dijo a periodistas el portavoz de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby.

“También hemos dicho que solo Zelenski puede determinar si está listo para las negociaciones y cuándo, y cómo son esas negociaciones”, declaró Kirby y agregó: “Nadie de los Estados Unidos lo está empujando hacia la mesa” de negociaciones.

Las declaraciones del portavoz de Seguridad Nacional de la Casa Blanca ocurren dos días después de que el máximo general del Pentágono, el presidente del Estado Mayor Conjunto Mark Milley, sugiriera que después de sus importantes victorias en el campo de batalla y con las fuerzas rusas significativamente debilitadas, Kiev podría aprovechar y abrir conversaciones para poner fin a la guerra.

Milley comentó igualmente que es poco probable que las fuerzas ucranianas puedan recuperar pronto todo el territorio que Rusia ocupó, especialmente la estratégica Crimea, de la cual Moscú se apoderó en 2014, asegurándose el control sobre la base naval de su Flota del mar Negro situada en Sebastopol en la península

“No vamos a tener discusiones con los rusos sobre el fin de esta guerra en Ucrania sin que Ucrania sea parte de esa conversación”, señaló.

“Esas conversaciones no están ocurriendo porque el presidente Zelenski ha dejado en claro que no está listo para eso!, dijo Kirby. “Y no se puede culpar” por ello, señaló, porque la propio Moscú ha indicado que no está lista para negociar, agregó Milley, según la agencia de noticias AFP.

Y remarcó que no hubo presión y que Estados Unidos no estaba tomando sus propias acciones.

Rusia busca afianzar su influencia y su dominio sobre el Mar Negro, un importante punto estratégico, ya que permitiría el acceso a los diversos territorios colindantes; en segundo lugar, el control sobre los puertos y las rutas comerciales darían el poder de obstruir el comercio y los suministros energéticos.

Crimea es un territorio atravesado por multitud de tuberías de transporte de energía, posee el puente más largo construido en el territorio de la ex Unión Soviética, que cubre 19 kilómetros del estrecho de Kerch.

Cuando se inauguró en 2018, supuso un salto cualitativo en la integración de Crimea en el Estado ruso: es el único puente que une la península con la región continental de Krasnodar. Antes se tardaban horas para ir entre la región anexada y Rusia, y se tenía que pasar, sí o sí, por Ucrania.

En cambio, la construcción une ambos extremos en solo 20 minutos. Cuando funcionaba a pleno rendimiento, circulaban 40.000 coches al día y permitiría el paso de 14 millones de pasajeros.

El tendido no solo está habilitado para el tráfico automovilístico, sino también ferroviario. Eso permite a los trenes rusos llegar hasta Simferópol, la capital de Crimea, o Sebastopol, con estatus de ciudad federal y puerto principal de la flota del mar Negro, sin atravesar territorio ucraniano.

Por ahí se transportaban 13 millones de toneladas de carga al día por sus vías. Por todo ello,

El puente de Crimea es es una infraestructura geoestratégica para el presidente Vladimir Putin, que en los tres años posteriores a la anexión invirtió al menos 7.500 millones de euros en la península.

La Asamblea General de la ONU votó este lunes una resolución que reclama a Rusia que asuma «las consecuencias jurídicas de todos los hechos internacionalmente ilícitos que cometa, en particular la reparación por todo perjuicio» por su invasión a Ucrania e insta a la conformación de un mecanismo internacional para la reparar los daños sobre todo de infraestructura civil.

La resolución fue adoptada por 94 votos a favor, catorce en contra -entre ellos los de Rusia, China, Cuba, Nicaragua, Irán, Malí, Corea del Norte y Etiopía- y 73 abstenciones.

Desde que comenzó el ataque ruso a Ucrania, en febrero último, este es el cuarto texto que vota la ONU relativo a la invasión rusa. Como todos los de la Asamblea, no es vinculante, pero tiene la autoridad moral que le confiere haber sido votado por el órgano más democrático de la ONU.

La resolución fue impulsada por Canadá, Guatemala, Países Bajos y Ucrania y «recomienda» crear «un registro internacional de daños (…), pruebas e información» sobre los perjuicios alegados, informó la agencia de noticias AFP.

Exige, además, que Rusia «rinda cuentas por todas las violaciones al derecho internacional» y le reclama poner «fin al uso de la fuerza» y retirar «por completo y sin condiciones todas sus fuerzas militares» que estén dentro de las «fronteras (de Ucrania) reconocidas internacionalmente».

«Ucrania tendrá la ingente tarea de reconstruir el país y recuperarse de esta guerra. Pero esa recuperación nunca será completa sin un sentimiento de justicia para las víctimas» de la invasión rusa, remarcó el embajador ucraniano ante la ONU, Sergii Kislytsia.

Su par ruso, Vassily Nebenzia, criticó que la ONU «no tendrá ningún papel» en la creación de ese mecanismo, que será creado por «un grupo de países que decidirán su funcionamiento» y hasta subrayó que los fondos para las reparaciones saldrá «de los cientos de miles de millones de activos soberanos congelados y robados» por las sanciones de la comunidad internacional contra intereses de Moscú.

Aunque no es vinculante, la resolución «da cobertura política a los ucranianos para crear las condiciones a fin de obtener reparaciones de Rusia», dijo Richard Gowan, del grupo de análisis Crisis Group, a AFP.

Las reparaciones no están cuantificadas en la resolución, pero servirán para reconstruir viviendas, hospitales, escuelas, carreteras, puentes, vías férreas y el sistema energético, cuya destrucción fue uno de los principales objetivos de las fuerzas rusas.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, utilizó su rol de anfitrión del G20 para oficiar como mediador entre Ucrania y Rusia en una misión que no tuvo éxito, como lo refleja la ausencia del líder ruso, Vladimir Putin, de la cumbre que se realizará el próximo martes y el miércoles en Bali, pero que le permitió ganarse un lugar en la escena mundial y revitalizar la bandera del no alineamiento que su país impulsó en plena Guerra Fría.

A fines de junio pasado, Widodo y su esposa realizaron un viaje de 11 horas en tren desde Polonia a Kiev para encontrarse personalmente con el mandatario ucraniano, Volodimir Zelenski, e invitarlo a asistir a la reunión de las economías más importantes del globo.

Horas antes de adentrarse en el territorio en guerra, «Jokowi», como se lo conoce en su país, había participado en la cumbre del G7 en Alemania, donde mantuvo bilaterales con los otros líderes que asistieron y hasta se llevó un abrazo y sonrisas del presidente estadounidense, Joe Biden, con quien se reunió hoy en Bali.

A pocos días de ese gesto, el mandatario indonesio estrechó manos con Putin en Moscú, le entregó un mensaje de Zelenski, sin revelar nunca el contenido, expresó su voluntad de «poner en marcha» una comunicación entre ambos líderes para que «la guerra termine lo antes posible» y también invitó personalmente al jefe del Kremlin a la cumbre en Bali.

«Como anfitrión del G20, Indonesia no pretende desprestigiar a ningún miembro. Reconoce que, debido a las circunstancias actuales, tenía que equilibrar los intereses de los miembros, invitando no solo a Putin, sino también al presidente Zelenski», indicó a Télam Gilang Kembara, investigador del think tank Centre for Strategic and International Studies con sede en Yakarta.

«Teniendo en cuenta que la crisis entre Rusia y Ucrania es probablemente el mayor problema mundial en la actualidad, el hecho de que la cumbre del G20 sirviera como plataforma a la que asistan los líderes de los países en conflicto hubiera sido sin dudas un gran mérito de Indonesia», añadió en diálogo con esta agencia Lina Alexandra, titular del Departamento de Relaciones Internacionales de la misma organización.

Un intento sin éxito

El esperado encuentro finalmente no ocurrirá: Putin no viajará a la cita en la turística isla indonesia, que además lo hubiera juntado por primera vez desde el estallido de la guerra en Ucrania con Biden.

La misión de Widodo no tuvo éxito, tanto en el objetivo internacional de elevar la relevancia de la cumbre organizada por su Gobierno con la presencia de Putin y Zelenski bajo un mismo techo, como en el doméstico, en el que intentó con sus diálogos reanudar las exportaciones de los granos ucranianos bloqueados en los puertos por la guerra.

Fue Turquía, también miembro del G20, y la ONU quienes mediaron para reiniciar la salida de barcos por el mar Negro, en un acuerdo que expira el 19 de noviembre y cuya continuidad Rusia pone en duda bajo el argumento de que las cargas no van a los países que más lo necesitan.

Indonesia no es hasta el momento uno de los grandes beneficiarios del pacto y eso es un problema para uno de los mayores importadores de grano ucraniano, especialmente el trigo, fundamental para el país que tiene la segunda mayor demanda mundial de fideos instantáneos en el mundo detrás de China.

Pero todos estos viajes sí le permitieron a Widodo ganarse un lugar en la escena mundial en su segundo y último mandato como presidente indonesio, con una actividad diplomática que incluyó además ser el primer jefe de Estado en visitar al presidente chino Xi Jinping tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing que se realizaron en febrero de este año, en una gira que incluyó reuniones con los líderes de Japón y Corea del Sur, todos miembros del G20.

La política exterior de Indonesia

Estas reuniones van de la mano del principio de una política exterior «libre y activa» que definió Indonesia desde su independencia de los Países Bajos en 1945, que implica relacionarse con otras naciones sin involucrarse en los conflictos de las potencias, y que una década más tarde le permitió ser uno de los primeros impulsores del Movimiento de Países No Alineados, formalmente creado en 1961 para propiciar la neutralidad de sus miembros en plena Guerra Fría.

«Podría decirse que nuestro dogma de política exterior de ‘libre y activa’ permite un grado de flexibilidad para comprometerse con cualquier país y líder mundial. Es más, en el contexto de la guerra ruso-ucraniana, esto permite a Indonesia dialogar con Rusia y Ucrania en igualdad de condiciones, sin ningún factor de restricción provocado por las diferencias de ideología o perspectivas», resaltó Kembara.

Las fuerzas rusas han completado su retirada hacia la orilla izquierda del río Dniéper en la provincia de Jersón, según comunicó el Ministerio de Defensa del país, dos días después de que se anunciara el operativo.

El organismo militar señaló que, al cruzar el río, las formaciones y unidades militares de las Fuerzas Armadas de Rusia ocuparon las líneas defensivas y posiciones preparadas de antemano en términos de ingeniería.

Más de 30.000 militares rusos y cerca de 5.000 piezas de artillería y unidades de material bélico cruzaron el Dniéper hacia la orilla izquierda, informó el portavoz ministerial, Ígor Konashénkov. El vocero agregó que toda la maquinaria que requería ser reparada también ha sido trasladada al lado este.

«No ha habido pérdidas de personal, armas, equipos o material bélico de la agrupación de tropas rusas. Todos los civiles que deseaban abandonar la parte de la orilla derecha de la región de Jersón recibieron ayuda en su evacuación», declaró el Ministerio.

Durante la noche, las fuerzas ucranianas intentaron socavar el transporte de civiles y el redespliegue de las tropas, atacando los cruces del río Dniéper, empleando sistemas como el de lanzamiento múltiple HIMARS.

Las fuerzas de defensa antiaérea rusas derribaron 28 proyectiles. Otros cinco cohetes fueron desviados con éxito de sus objetivos por armas de lucha electrónica.

El fuego de artillería ruso, los ataques aéreos y el uso de minas han detenido a las Fuerzas Armadas ucranianas a una distancia de entre 30 y 40 kilómetros de la zona de cruce del río Dniéper.

Se han destruido en las últimas 24 horas tres obuses remolcados estadounidenses M777, dos vehículos de combate de infantería y tres camionetas enemigas usando drones kamikaze Lancet y lanzacohetes múltiples.

Asimismo, más de una veintena de militares ucranianos, dos tanques, dos unidades de artillería autopropulsada y tres vehículos blindados fueron volados en campos minados.

Rusia comenzó a retirar hoy sus tropas de la sureña ciudad ucraniana de Jerson, la única capital provincial que tomó desde que invadió Ucrania, pero Kiev advirtió que podría ser una maniobra para tender una trampa mortal a su fuerzas.

El vocero del Ministerio de Defensa ruso dijo que las unidades militares rusas habían iniciado la retirada de Jerson, construida sobre el margen derecho del río Dniéper, hacia la margen izquierda, en línea con un plan anunciado ayer por el titular de la cartera.

«Se está ejecutando la maniobra de traslado de las unidades militares rusas a posiciones preparadas en la margen izquierda del río Dniéper en estricta consonancia con el plan aprobado», dijo el vocero, teniente Igor Konashenkov, en una declaración en Moscú.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, recibió el anuncio de ayer de la retirada rusa con escepticismo y advirtió que podría tratarse de una maniobra para atraer al Ejército ucraniano a una trampa.

«El enemigo no nos hace ningún regalo, no manifiesta ningún ‘gesto de buena voluntad’, debemos ganárnoslo todo», declaró anoche Zelenski, afirmando que su país va a reaccionar con «extrema cautela».

Jerson en la capital de la provincia del mismo nombre, una de las cuatro de Ucrania que Rusia se anexionó a principios del mes pasado, en medio de una contraofensiva ucraniana en esa parte del país.

El mismo mes pasado, el Ejército ucraniano llegó hasta las puertas de la ciudad, lo que obligó a las autoridades instaladas allí por Rusia a ordenar la evacuación forzosa de su población civil hacia la orilla izquierda -o sur- del Dniéper.

Pese al escepticismo ucraniano, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo ayer que la retirada mostraba que, más de ocho meses después del inicio de guerra, Rusia tiene «problemas reales» en el campo de batalla.

El jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, Mark Milley, dijo anoche que estimaba que más de 100.000 soldados rusos murieron o resultaron heridos en Ucrania desde el comienzo de la invasión, y que las fuerzas ucranianas sufrieron bajas similares.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, consideró hoy que la retirada rusa de Jerson era «otra victoria» para Ucrania, en declaraciones a la prensa al término de un encuentro en Roma con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.

«Hemos sido informados de la retirada rusa de Jerson. Tenemos que ver cómo se desarrolla la situación sobre el terreno. Pero lo que sí queda claro es que Rusia sufre una gran presión, y si se va de Jerson sería otra victoria de Ucrania», declaró.

La provincia de Jerson tiene una importancia estratégica por ser la única de Ucrania fronteriza con la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014, y era hasta ahora el mayor trofeo de campaña para los rusos.

En Kiev, el legislador y negociador de paz ucraniano David Arajamia, insistió en que los militares ucranianos no se dejarían llevar por una falsa sensación de seguridad.

«No confiamos en el enemigo y vamos a actuar de acuerdo a nuestros planes de liberar los territorios», afirmó, mientras entre algunos civiles también reinaba el escepticismo.

Si Rusia perdiera la provincia de Jerson, Ucrania recuperaría un importante punto de acceso al mar de Azov.

Por otra parte, una retirada expone al resto de las tropas rusas en la provincia de Jerson y plantea dudas sobre la capacidad de Moscú de controlar este territorio.

Hoy, el Ejército ucraniano anunció que recuperó 12 localidades en Jerson.

En total, el Ejército ucraniano recuperó «una superficie total de 1.381 kilómetros cuadrados» y «41 localidades» en 40 días, dijo el Ejército en su canal de Telegram.

Ucrania denunció hoy que Rusia volvió a atacar con una multitud de «drones suicidas» a la capital Kiev -donde causaron al menos tres muertes- y a «cientos de localidades», muchas de las cuales quedaron sin electricidad por los daños sufridos en sus infraestructuras.

«Esta mañana, los terroristas rusos atacaron de nuevo las infraestructuras energéticas de Ucrania en tres regiones», lamentó el primer ministro ucraniano, Denis Shmigal, que mencionó «cinco ataques con drones» en Kiev y «ataques con misiles» en Dnipropetrovsk (centro-este) y Sumi (noreste).

Periodistas de la agencia de noticias AFP en Kiev vieron drones sobrevolando un barrio central de la capital y cómo los oficiales de la policía les disparaban con armas automáticas, y también reportaron columnas de humo por las explosiones en toda la ciudad.

Sirenas antiaéreas sonaron poco antes de las explosiones, que ocurrieron hacia las 6,35 hora local (la 0,35 en la Argentina).

«El enemigo puede atacar nuestras ciudades, pero no logrará quebrarnos», afirmó el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, quien confirmó que «drones suicidas y misiles están golpeando toda Ucrania».

Uno de los bombardeos alcanzó un edificio residencial.

El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informó que el cuerpo sin vida de una mujer fue encontrado entre los escombros y que tres personas fueron hospitalizadas.

Sin embargo, el vicejefe de gabinete de la Presidencia ucraniana, Kirilo Timoshenko, dijo que las personas muertas fueron al menos tres.

«Por ahora el número de personas muertas como resultado de un ataque con drones kamikaze en un edificio residencial ha aumentado a tres», escribió en su cuenta de Telegram

Timoshenko añadió que 19 personas fueron rescatadas del edificio dañado en el céntrico barrio de Shevchenkivskyi.

Estos ataques se producen una semana después de que Rusia lanzó una masiva salva de misiles que duró dos días y que afectó a localidades en toda Ucrania, provocando cortes de electricidad y agua en todo el país.

«Parece que ahora nos atacan todos los lunes», dijo el taxista Sergi Prijodko, mientras esperaba fuera de la estación central de trenes de Kiev.

«Es la nueva forma de empezar la semana», dijo a la AFP.

Tras los ataques, el jefe de gabinete de la presidencia ucraniana, Andrii Yermak, indicó que el país necesita «más sistemas de defensa antiaéreas lo antes posible».

«Los rusos piensan que esto los va a ayudar pero solo muestra su desesperación», escribió.

El ministerio de Defensa de Kiev indicó que «en las últimas 13 horas» los militares ucranianos han derribado 37 drones Shahed-136 iraníes y tres misiles de crucero lanzados por Rusia.

La semana pasada Zelenski dijo que los drones iraníes estaban siendo desplegados por los rusos para atacar la infraestructura energética, aunque Teherán niega estar suministrando armas a Moscú para la guerra.

El 10 de octubre los misiles rusos atacaron Kiev y otras ciudades en la peor campaña de bombardeos en varios meses.

Estos ataques dejaron al menos 19 muertos y 105 heridos, y desataron indignación a nivel internacional.

Los ataques de Moscú se repitieron el 11 de octubre, aunque con una menor intensidad, golpeando infraestructuras energéticas en el oeste de Ucrania, lejos de la línea del frente.

El presidente ruso, Vladimir Putin, dijo que los ataques se dieron como respuesta a la explosión que dañó el puente estratégico que une a Rusia con la península de Crimea, anexada por Moscú.

El viernes, Putin expresó su satisfacción y dijo que «por ahora» no había necesidad de ejecutar más ataques contra Ucrania, y apuntó que Moscú está «haciendo todo bien» en la ofensiva, pese a algunos duros reveses.

En el sur de Ucrania, las tropas de Kiev se acercan hacia Jerson, que hasta ahora es la única gran ciudad ucraniana tomada por los rusos y que está al norte de Crimea.

La región de Jerson es uno de los cuatro territorios ucranianos que Moscú reivindicó como zonas anexadas.

Otra provincia que Rusia considera como territorio propio es Zaporiyia, aunque en su extensa superficie hay áreas dominadas por Ucrania.

La Guardia Nacional rusa anunció en Moscú que fuerzas de seguridad compatriotas detuvieron a 90 colaboradores del «régimen ucraniano» en Jerson y Zaporizhzhia en una semana.

«Los oficiales de la Guardia Nacional capturaron a 90 colaboradores del SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania), el Ejército y las facciones nacionalistas en los territorios de las provincias de Jerson y Zaporiyia», dijo un portavoz del cuerpo a la agencia Sputnik.

Según el oficial, en una semana hallaron dos arsenales de armas ocultos con misiles antiaéreos portátiles, 15 sistemas antitanque con más de 90 misiles y más de 6.500 municiones de distinto calibre.

Un consejero de la presidencia ucraniana pidió este lunes que Rusia sea excluida del G20.

«Aquellos que dan órdenes de atacar infraestructuras críticas (…) y organizan una movilización general para cubrir el frente de cadáveres no pueden sentarse en la misma mesa que los dirigentes del G20», dijo el consejero de la presidencia ucraniana Mijail Podoliak.

Rusia «debe ser expulsada de todos los foros», agregó el consejero en Twitter.

Tras los ataques de la semana pasada, Estados Unidos anunció un nuevo paquete de asistencia militar por 725 millones de dólares, incluyendo sistemas lanzacohetes Himars.

Con esta nueva partida, el total de asistencia militar otorgada por EEUU a Ucrania suma los 17.600 millones de dólares desde que comenzó la invasión rusa el 24 de febrero.

 

El papa Francisco intercedió personalmente con Rusia y Ucrania para facilitar el intercambio de prisioneros entre las partes, reveló el Pontífice en una charla con jesuitas celebrada en Kazajistán y publicada hoy.

En la charla, cuya transcripción fue publicada por la revista de la Compañía de Jesús, La Civilta Cattolica, el Pontífice cuenta que «algunos enviados ucranianos» se acercaron a él, «entre ellos, el vicerrector de la Universidad Católica de Ucrania, acompañado del consejero del presidente (Volodimir Zelenski) para asuntos religiosos, un evangélico».

”Hablamos, discutimos. También acudió un jefe militar que se ocupa del intercambio de prisioneros, siempre con el consejero religioso del presidente Zelenski. Esta vez me trajeron una lista de más de 300 presos. Me pidieron que hiciera algo para cambiar. Inmediatamente, llamé al embajador ruso para ver si se podía hacer algo, si se podía acelerar un intercambio de prisioneros”, señala Francisco.

La charla fue el 15 de septiembre, con la participación de una veintena de religiosos.

La publicación de estas declaraciones a los religiosos que trabajan sobre todo en Rusia y Bielorrusia se produce una semana después del anuncio del mayor intercambio de prisioneros militares entre Ucrania y Rusia desde el comienzo de la guerra.

Ucrania anunció el 22 de septiembre la liberación de 215 personas, incluidas 188 que habían defendido la acería Azovstal en Mariupol, símbolo de la resistencia a la invasión rusa.

El papa habló también de su visita a la embajada rusa en el Vaticano al día siguiente del inicio de la invasión a Ucrania a fines de febrero.

«Le dije al embajador que me hubiera gustado hablar con el presidente (Vladimir) Putin, pero con la condición de que me deje una pequeña ventana abierta para dialogar», confesó el Papa.

La Santa Sede, que intenta desde el 24 de febrero mantener un delicado equilibrio diplomático con los dos países, condenó una guerra «cruel y sin sentido», sin romper abiertamente con Rusia.

«Aquí la víctima de este conflicto es Ucrania. Me propongo reflexionar sobre por qué no se evitó esta guerra. Y la guerra es como un matrimonio, en cierto modo. Para entenderlo hay que investigar la dinámica que desató el conflicto. Hay factores internacionales que contribuyeron a provocar la guerra», explicó a los jesuitas.