El 17 de marzo de 1992, un coche bomba destruyó la Embajada de Israel en Buenos Aires, en el primer gran ataque terrorista en el país. A 34 años, la causa sigue sin responsables condenados.
El atentado, atribuido a Hezbolá con apoyo de Irán, dejó una herida abierta y un reclamo de verdad y justicia que aún resuena en cada aniversario.
El 17 de marzo de 1992, una explosión sacudió el corazón de la Ciudad de Buenos Aires y dejó una herida imborrable en la historia argentina. Un coche bomba destruyó la sede de la Embajada de Israel en Argentina, provocando la muerte de 29 personas y dejando más de 200 heridos. El ataque ocurrió en pleno barrio de Retiro y afectó también a edificios cercanos, una iglesia y una escuela. Fue el primer atentado terrorista de gran magnitud en el país y marcó un antes y un después en materia de seguridad y política internacional.
Una investigación marcada por la impunidad
La investigación judicial atravesó años de irregularidades, falta de avances y denuncias de encubrimiento. A más de tres décadas, la causa sigue sin responsables condenados, lo que convirtió al caso en un símbolo de la impunidad en Argentina. El atentado fue atribuido a la organización Hezbolá, con apoyo de sectores vinculados al gobierno de Irán, según determinó la Justicia argentina. Sin embargo, los responsables materiales e intelectuales nunca fueron llevados a juicio.
Memoria, verdad y justicia, un reclamo que no cesa
Cada año, el país recuerda a las víctimas y renueva el reclamo de verdad y justicia, en una fecha que permanece marcada por el dolor, la memoria y la búsqueda de respuestas. A 34 años del atentado, las heridas siguen abiertas y la sociedad argentina continúa exigiendo que se esclarezca uno de los episodios más trágicos de su historia reciente.




