Los Alerces: el titánico esfuerzo para cerrar 300 metros de fuego.
En la inmensidad de la montaña, donde el terreno escarpado y la vegetación centenaria dictan las reglas, 300 metros pueden parecer una distancia insignificante, pero para un brigadista representan días de lucha cuerpo a cuerpo contra las llamas en Chubut.
En el sector 1B del Parque Nacional Los Alerces, el combate se ha vuelto una cuestión de precisión y resistencia física extrema. Allí, el objetivo no es solo apagar el fuego, sino construir una barrera de contención manual en laderas donde la pendiente y los cañadones transforman cada ráfaga de viento en una amenaza mortal para quienes operan en la línea de fuego.
El sector 1B: una carrera contra la topografía y el viento
El despliegue de recursos se concentra actualmente en la zona del Brazo Norte, un área crítica donde el incendio ha logrado superar líneas de control previas debido a la presencia de cañadones que funcionan como chimeneas naturales. Según EQS Notas, el trabajo coordinado busca unir dos frentes de combate para cerrar un perímetro clave y evitar que el fuego sorprenda a los equipos por la retaguardia. La tarea es minuciosa: avanzar con herramientas manuales y desplegar mangueras en paredones empinados donde el riesgo de derrumbes es una constante.
Alberto Aros, un experimentado brigadista con tres décadas de trayectoria, lidera a un grupo de 20 combatientes en esta misión. El esfuerzo logístico es abrumador: cada operario debe ascender la montaña cargando tramos de manguera que pesan cerca de cinco kilos cada uno, logrando desplegar hasta 1.600 metros de línea de agua alimentada por motobombas. «El trabajo que estamos haciendo es cuidarle la espalda al compañero; si yo no hago bien mi parte, al que está adelante le pasa el fuego por atrás», relató Aros, subrayando la importancia de la confianza ciega entre los integrantes del equipo.
Mujeres en la primera línea y el valor de los pobladores
Un aspecto destacado en este operativo es la integración de mujeres en tareas de alta exigencia, como el manejo de motosierras para el despeje de vegetación degradada. Este trabajo es fundamental para abrir senderos en áreas con combustibles vegetales muy antiguos que arden con una intensidad inusual. Acompañadas por ayudantes que retiran el material combustible, estas brigadistas son hoy un ejemplo de compromiso en un escenario donde la seguridad es la prioridad número uno debido a la inestabilidad de las piedras y los árboles secos.
La logística también ha encontrado un aliado vital en la comunidad local. Para cubrir el perímetro de dos kilómetros y medio que se extiende desde Playa Toro hasta Cume Hue, se utilizan cuatro embarcaciones, dos de las cuales fueron aportadas por pobladores de la zona. Este apoyo permite que los 77 brigadistas destinados a este sector específico inicien sus labores desde la madrugada, optimizando el tiempo de traslado y garantizando vías de evacuación seguras ante cualquier cambio repentino en el comportamiento del incendio.
La meta: cerrar el perímetro para avanzar
Si las condiciones técnicas y climáticas acompañan, el encuentro entre las dos líneas de combate podría concretarse en las próximas 36 horas. El desafío es que ninguna motobomba falle y que el terreno no presente nuevas sorpresas.
Más allá de la extinción, el enfoque actual es garantizar que cada hombre y mujer que ingresó a la montaña pueda regresar por el mismo camino. Con más de 20.000 hectáreas ya afectadas en toda la región, el trabajo silencioso y sacrificado en estos 300 metros finales se vuelve el símbolo de una lucha que no se detiene.




