Lo que comenzó como un reclamo puntual se ha transformado en una medida de fuerza sostenida
Las federaciones de docentes universitarios ratificaron la continuidad del paro nacional hasta el 30 de marzo, exponiendo una realidad alarmante: el poder adquisitivo del sector se encuentra en su punto más bajo de las últimas dos décadas, con una pérdida acumulada que equivale a casi un año de trabajo sin goce de sueldo.
Según datos de la Asociación Gremial Docente (AGD-UBA), el salario real de un profesor universitario se ubica hoy un 35,6% por debajo de los niveles de noviembre de 2023.
La radiografía del ajuste: «Perdimos 11 salarios»
La secretaria general de AGD-UBA, Laura Carboni, fue contundente al analizar el impacto de la inflación frente a las paritarias. La dirigente explicó que, debido a la falta de actualizaciones en los meses de mayor aceleración de precios, la pérdida acumulada desde finales de 2023 es equivalente a 11,5 salarios.
»Tuvimos un 4,3% de aumento en septiembre frente a una inflación acumulada del 14,2% entre octubre y febrero. En enero y febrero el aumento fue del 0%, mientras suben los alquileres, el transporte y los alimentos. No podemos seguir así», detalló Carboni.
Los puntos clave del conflicto
El malestar docente se fundamenta en tres ejes que mantienen paralizadas las facultades de todo el país:
- Retroceso histórico: El sueldo real cayó a niveles inferiores a los registrados en el año 2004, borrando 20 años de recuperación salarial.
- Financiamiento en duda: Los gremios exigen la aplicación efectiva de la Ley de Financiamiento Universitario aprobada el año pasado, denunciando que no solo peligran los sueldos, sino el funcionamiento básico de los edificios y laboratorios.
- Cambio de estrategia: Tras dos años de «paros aislados» que no dieron resultados, la docencia universitaria apuesta ahora a una medida de fuerza prolongada para forzar una respuesta del Gobierno Nacional.
El impacto en las aulas
La medida, que se sostiene a pesar de la fragmentación del calendario académico y los feriados de marzo, mantiene en vilo el inicio del cuatrimestre en la mayoría de las casas de altos estudios. Los gremios aseguran que la protesta no es solo por el bolsillo, sino por la supervivencia de la universidad pública argentina frente a lo que consideran un «ataque sistémico».




