El Gobierno redobla críticas contra Villarruel y le reclama alineamiento político.
La interna en la cima del poder ejecutivo argentino ha alcanzado un nuevo pico de tensión tras la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso. Desde la Casa Rosada, el entorno del presidente Javier Milei ha salido a marcar la cancha frente a los recientes movimientos de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien utilizó sus redes sociales para denunciar presiones sobre su cargo. Si bien el Gobierno desmintió de forma oficial que se esté buscando su salida anticipada, el malestar es profundo y las críticas hacia su desempeño legislativo se han vuelto constantes y directas por parte de la mesa chica libertaria.
El conflicto, que ya no se oculta tras las formas protocolares, escaló luego de que la titular del Senado afirmara que «quieren mi renuncia, pero no se les va a dar». Según Infobae, un integrante de la mesa chica presidencial sentenció con dureza la postura oficial: “Lo único que queremos es que haga su trabajo. Empujar y defender la agenda del Gobierno en el Senado. Para eso la votaron y no lo hace”. En Balcarce 50 sostienen que la vicepresidenta ha priorizado la construcción de un perfil propio y «antiliberal» por encima de los intereses del binomio que ganó las elecciones en 2023.
Cruces por la renuncia y el fantasma de la traición
La mecha se encendió nuevamente cuando el diputado Luis Petri sugirió en televisión que Villarruel «no estuvo a la altura» al mostrar ambiciones personales sobre el sillón presidencial. La respuesta de la vicepresidenta en la red social X fue inmediata, asegurando que ocupará su cargo con honestidad hasta el 10 de diciembre de 2027. No obstante, desde el oficialismo le reprochan su falta de «dignidad» y su constante intención de desmarcarse de las políticas de ajuste y reforma que impulsa el Ejecutivo.
En el corazón de la administración libertaria aseguran que el origen del quiebre se remonta a diciembre de 2023, cuando Villarruel intentó repartir cargos en ministerios que finalmente no quedaron bajo su control. Ante lo que consideran diferencias «irreconciliables», en el Gobierno ya se barajan nombres para acompañar a Milei en un futuro, mencionando al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, o a la senadora Patricia Bullrich como perfiles que garanticen una «continuidad pura» del modelo, sin fisuras internas.
Acusaciones de «peronista» y la defensa institucional
La desconfianza hacia la vicepresidenta se profundizó tras su reciente foto junto al gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, uno de los principales referentes de la oposición. Para la Casa Rosada, estos gestos confirman que Villarruel tiene un perfil «peronista y con ansias de poder» que colisiona con la doctrina libertaria. La acusan de buscar fama y de ser funcional al kirchnerismo al habilitar sesiones en el Senado que resultan adversas para las metas fiscales del Gobierno, como las vinculadas a jubilaciones y discapacidad.
Por su parte, el entorno de la vicepresidenta se defiende alegando que ella es «la más institucionalista de todas». Bajo esta premisa, explican que como presidenta del Senado no tiene facultades para evitar sesiones de mayoría, ya que hacerlo vulneraría el principio de división de poderes. Mientras desde el Ejecutivo se utiliza el mote de «golpista», en el Senado responden que la conducta de Victoria es «intachable» y advierten que las acusaciones públicas sin pruebas podrían terminar en instancias judiciales, tensando aún más una relación que parece no tener retorno.




