La interna oficialista sumó un capítulo de alto voltaje este domingo por la noche.
Nicolás Márquez, biógrafo personal del presidente Javier Milei, lanzó una dura ofensiva contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a quien calificó de «piojo resucitado» y acusó de estar «aferrado al poder y a las fotos» en medio de las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito que salpican al funcionario.
El escritor e intelectual liberal fue tajante al señalar que la permanencia de Adorni en el Gobierno Nacional le está restando credibilidad y apoyo a la gestión libertaria, especialmente por el contraste entre la vida del funcionario y el sacrificio solicitado a la ciudadanía.
El contraste ético: «Austeridad republicana vs. aventuras»
Para Márquez, el comportamiento de Adorni choca de frente con la imagen que proyecta el Jefe de Estado. Durante su intervención televisiva, el biógrafo destacó que el Presidente siempre ha mantenido una vida personal austera, recordando que el mandatario suele vestirse con sencillez y apelar a la «austeridad republicana» como norte de su administración.
En este sentido, Márquez advirtió que el compromiso de ajuste que el pueblo argentino está acompañando solo se sostiene si los funcionarios dan el ejemplo. Según el escritor, la figura del jefe de Gabinete genera un «desprecio popular» que él mismo alimentó con sus acciones, las cuales contrastan con el mensaje de sacrificio que pregona La Libertad Avanza (LLA).
Un cargo «demasiado grande» y el pedido de renuncia
El biógrafo no ahorró críticas hacia la capacidad de gestión del funcionario. Además de tildarlo de «pésimo funcionario», Márquez aseguró que a Adorni le quedó «enorme» el cargo de jefe de Gabinete y que ya ha cumplido su «cuarto de hora» en la política nacional.
A pesar de reconocer que no tiene autoridad formal dentro de la estructura estatal, el autor expresó que el Poder Ejecutivo ya debería haber tomado cartas en el asunto. Márquez concluyó afirmando que, aunque la falta de Adorni no sea comparable en magnitud con hechos de corrupción del pasado —usando la metáfora de «robar una mandarina»—, el daño político y ético que le causa a la narrativa de Milei es significativo y amerita que dé un paso al costado.




