Desde la sala velatoria en Comodoro Rivadavia, Lorena Andrade —quien crió a Ángel desde los dos años— ofreció un testimonio estremecedor que pone bajo la lupa al sistema de Protección de Derechos y a la Justicia de Chubut.
Entre lágrimas y una profunda indignación, denunció que los mecanismos del Estado entregaron al niño a un destino trágico a pesar de las reiteradas advertencias de la familia.
Una entrega bajo presión judicial
Lorena relató cómo la Justicia la obligó a entregar a Ángel a su madre biológica, a pesar del historial de abandono y el terror manifiesto del pequeño. «Ese nene tenía miedo. ¿Por qué no quería ir con la mamá? Él pedía estar con nosotros… ¿Por qué nos obligaron a entregárselo?», cuestionó Andrade, revelando que la entrega se concretó bajo amenazas de sanciones legales contra ella y el padre biológico.
La madre de crianza fue tajante al diferenciar su vínculo con el menor: «La madre de él era yo; pueden ir al jardín 413 y entrevistar a la gente, él se expresaba conmigo, con esa asesina… no», sentenció ante los medios.
Señales de alerta en el ámbito escolar
La denuncia también apuntó contra las autoridades del nuevo jardín de infantes al que asistía el niño en la zona de Quintas. Según Andrade, el cambio de comportamiento de Ángel fue evidente: dejó de disfrutar del dibujo y llegaba con hambre y gritos. «Esa directora falló… Cuando lo hice público, todos dijeron que al nene lo golpeaban, pero ella no vio nada», lamentó con crudeza.
Denuncia de impunidad y ocultamiento de pruebas
Uno de los puntos más graves del relato de Lorena es la aparente inacción policial inicial, que habría permitido a los sospechosos —la madre biológica y el padrastro— ganar tiempo. «Mientras nosotros estábamos con Ángel en el hospital, ellos se fueron a la casa a quemar las cosas. Les dieron todo ese tiempo para que hagan y deshagan», alertó, expresando su temor ante una posible fuga de los implicados.
La autopsia como última voz
Con una crudeza que refleja su desesperación, Lorena Andrade se refirió a los peritajes forenses como la única vía para obtener la verdad que el sistema no quiso escuchar mientras Ángel vivía:
«El nene habló vivo y ahora tiene que seguir hablando de muerto. Tienen que romperlo más para que él diga ‘me mató esta… que para ustedes era su madre’», expresó Lorena, cerrando un testimonio que deja al desnudo las profundas fallas en el sistema de protección infantil.




