En un movimiento que no ha pasado desapercibido en el mundo político y económico nacional, Santiago Caputo ha puesto el ojo, y el verbo, sobre el suelo de nuestra provincia.
El asesor presidencial utilizó las redes sociales para lanzar una sentencia que suena tanto a oportunidad como a desafío: «Debe haber pocas cosas más importantes para la historia de nuestra Nación que sacar las 300 mil toneladas de uranio que tenemos bajo la tierra. Chubut podría ser la próxima Neuquén».

Debe haber pocas cosas más importantes para la historia de nuestra Nación que sacar las 300 mil toneladas de uranio que tenemos bajo la tierra. Chubut podría ser la próxima Neuquén. https://t.co/lkf4wLqWnm
— Santi C. (@slcaputo) May 24, 2026
El espejismo de Vaca Muerta en la Meseta
La comparación no es casual. Al citar a Neuquén —hoy epicentro de la riqueza energética por el desarrollo de Vaca Muerta—, Caputo busca instalar la idea de que la minería de uranio en Chubut sería el motor de una transformación profunda, capaz de revertir décadas de estancamiento económico.
El análisis de Caputo se apoya en una coyuntura global donde, según analistas del sector, «la demanda nuclear está a punto de colisionar con la peor estructura de suministro de uranio en 50 años». En criollo: el mundo tiene sed de energía limpia, y la escasez de este mineral ha disparado su valor en los mercados internacionales.

Entre la ambición y la licencia social
Sin embargo, hablar de uranio en Chubut es tocar una fibra sensible. Nuestra provincia ha sido escenario de históricas batallas sociales y legales respecto a la actividad minera. La Ley 5001, que limita la explotación minera a cielo abierto y el uso de sustancias químicas, sigue siendo el muro de contención contra el avance de proyectos extractivos.
Para los productores rurales, vecinos de la meseta y los defensores de los recursos naturales, la propuesta de «sacar» el mineral que duerme bajo nuestros pies exige una discusión que va mucho más allá de los números de exportación. Como quien prepara el campo antes de la siembra, aquí hace falta mucho más que una opinión en redes sociales; hace falta una licencia social que, hasta hoy, se muestra esquiva.
Una discusión con historia
¿Estamos ante el inicio de una nueva ofensiva extractivista? Caputo parece sugerir que el desarrollo nacional no admite esperas. Por su parte, la resistencia local, ya curtida en mil polémicas, observa con recelo este avance. Como dice el Martín Fierro, «no se debe empezar por los peligros», y en Chubut, la historia ha demostrado que el apuro, cuando se trata de recursos naturales, suele traer más tormentas que bonanza.
Lo cierto es que la frase del asesor presidencial ha dejado la puerta abierta a un debate que promete ser, cuando menos, movido. Mientras algunos sueñan con una «Neuquén patagónica» alimentada por energía nuclear, otros se preguntan a qué costo se pretende realizar esa transformación.
En la tierra del viento, las palabras de Caputo no son solo un posteo; son un aviso de que, en los pasillos de poder en Buenos Aires, la mirada sobre nuestro subsuelo está más atenta que nunca.

