Cholila: Entre el «running» oficialista y el frío de los vecinos que lo perdieron todo.
Mientras familias damnificadas por los incendios esperan la reconstrucción de sus viviendas y el permiso para recolectar leña, el diputado Daniel Hollmann desembarcó en la localidad con una agenda enfocada en el armado electoral de 2027.
La postal de Cholila hoy es de un contraste doloroso
Por un lado, el paisaje marcado por las cenizas de los incendios que aún esperan una respuesta habitacional concreta; por otro, la parsimonia de la política que llega al pueblo con el cronómetro en mano, pero para medir tiempos de campaña, no de gestión.
La visita del diputado Daniel Hollmann dejó un sabor amargo entre los pobladores. El itinerario del legislador distó mucho de las urgencias territoriales.
Tras un desayuno tardío luego de pasar una noche acompañado, se lo vio realizando actividad física por la Ruta 71, en dirección al Parque Nacional Los Alerces. Una rutina saludable para el funcionario, pero irritante para una comunidad que todavía cuenta los escombros de las viviendas que el fuego se llevó y que el Estado no ha reconstruido.

Prioridades cruzadas
La indignación de los vecinos no es caprichosa. Con las temperaturas en descenso, la principal preocupación en los hogares es la calefacción.
Sin embargo, los pobladores denuncian que aún no han sido habilitados para la extracción de leña, un recurso vital para la subsistencia en la zona cordillerana. Ni siquiera piden que les regalen leña, están pidiendo permiso para extraerlas ellos mismos.
Mientras la burocracia estatal traba el acceso al calor para las familias, Hollmann parece estar más preocupado por el invierno de 2027. El objetivo central de su visita no habría sido relevar el avance de las obras (inexistentes) o destrabar los permisos de biomasa, sino sondear nombres para una futura candidatura a la intendencia.
Desidia y «chamuyo»
»Vienen a buscar candidatos mientras nosotros buscamos cómo no pasar frío», comentan en el pueblo. La sensación generalizada es de una desidia total. Se percibe que la gestión se ha transformado en un «chamuyo» constante: promesas de reconstrucción que no se ven en ladrillos y una agenda política que corre por un carril paralelo a la realidad del vecino de a pie.
La pregunta que queda flotando en el aire de Cholila es simple: ¿Cuántas campañas electorales más tienen que pasar para que se levante la primera casa prometida tras los incendios? O para que se terminen las 20 casas del IPV, que lo único que ha hecho en Cholila es tener de «ñoqui vip» a una «manicura» que es Magali Becerra, la hija de otro ñoqui vip que es Néstor Rubén Becerra, el ladero de Miguel Castro, que huyó de Cholila dejando un pueblo fundido con una deuda megamillonaria.
Por ahora, la única respuesta que llega desde Rawson es el silencio administrativo y el trote deportivo de sus representantes.

