Las brigadas de rescate e internacionales concentran sus máximos esfuerzos en la ciudad costera de La Guaira tras los devastadores sismos que sacudieron el territorio de Venezuela.
Entre las historias más dramáticas que arroja la catástrofe se encuentra la búsqueda contrarreloj de Lucas Gamez, un niño de nacionalidad argentina de 8 años de edad, cuyo rastro se perdió entre los escombros de un complejo residencial. El hecho se enmarca en un escenario crítico donde el Gobierno ya confirmó el fallecimiento de seis ciudadanos argentinos en el país caribeño, mientras se intenta localizar de forma urgente a otros tres reportados como ausentes.
El dramático testimonio del padre y los operativos de rescate
En medio del dolor y la incertidumbre generalizada, Marco Gamez, padre del menor, brindó precisiones sobre las tareas de remoción de estructuras que ejecutan los equipos especializados con el apoyo de maquinaria pesada. A pesar del paso de las horas y de las complejas variables climáticas de la zona, la familia mantiene firme la esperanza de hallarlo con vida basándose en las características físicas del pequeño.
«Todavía no tuvimos contacto con el nene. Tuvimos la intención, pero sabemos que por todo el calor o deshidratación debe estar apagado. Somos optimistas. Estamos liberando escombros de la zona un poco para usar una grúa y liberar las más grandes cantidades. Nos da esperanza que es un chico delgado que puede entrar en espacios reducidos», relató quebrado por el llanto.
De acuerdo con la reconstrucción de los momentos previos al desastre, Lucas se encontraba disfrutando de un día de playa junto a sus tíos. El incidente se desencadenó cuando el grupo ingresó a un edificio de departamentos para dirigirse a una vivienda ubicada en el segundo piso. Para ello, tomaron el ascensor acompañados por una persona que logró sobrevivir al colapso estructural y cuyo testimonio está resultando clave para guiar la investigación de los rescatistas. La principal duda técnica radica en determinar si el menor alcanzó a ingresar efectivamente al domicilio antes del desplome de la mampostería.
Panorama crítico en La Guaira y movilización civil
La situación habitacional e infraestructural en el estado de La Guaira es calificada por las autoridades como desoladora. Testigos directos y sobrevivientes coinciden en que la fisonomía urbana ha sufrido daños prácticamente irreparables, lo que ha obligado a la evacuación masiva de miles de familias de las zonas residenciales costeras debido al peligro inminente de nuevos derrumbes.
Un vecino de la zona afectada describió con crudeza la magnitud y violencia de los movimientos telúricos:
«Logramos salir con vida en pleno evento. Dios nos sacó en sus manos y pudimos salir. A pesar de las circunstancias, estamos bien. Pero quedó todo muy dañado, los edificios quedaron devastados y no podemos estar tranquilos, es imposible estar allá. La Guaira quedó devastada y no está apta para volver; de 20 edificios, 19 están inhabitables. Hay miedo, dolor, sufrimiento y pesar porque dejamos el lugar donde estábamos bien y tranquilos», expresó.
Ante la magnitud de la tragedia y la saturación de los servicios de emergencia estatales, cientos de ciudadanos venezolanos se han movilizado de manera espontánea hacia los epicentros del desastre para colaborar en las tareas de remoción manual de bloques de cemento y asistencia logística a los damnificados, bajo la premisa comunitaria de que en este escenario de emergencia humanitaria, la solidaridad y las acciones directas en el territorio resultan indispensables.
