El corazón de la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en el epicentro de un reclamo desesperado que hace eco en los laboratorios, universidades y centros de desarrollo tecnológico de todo el territorio nacional.
En una movilización masiva y sin precedentes, la comunidad científica local decidió romper el silencio para denunciar una situación que califican de extrema gravedad institucional: el desmantelamiento sistemático del aparato de investigación soberano. La jornada de protesta reflejó la profunda angustia de un sector que ve en peligro décadas de avance y posicionamiento global.
El peor derrumbe histórico: números que aterran a la comunidad
La masiva concentración en el Obelisco se replicó de manera simultánea en puntos estratégicos del interior del país, como la Plaza Tosco en Córdoba, la Casa Histórica de Tucumán y el Centro Cívico de Bariloche. Esta acción coordinada coincidió de forma estratégica con el paro nacional universitario, entendiendo que los claustros académicos y el desarrollo tecnológico caminan de la mano. Investigadores, becarios y administrativos pertenecientes a organismos de vanguardia como el CONICET, el INTI, el INTA, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y ARSAT unificaron sus voces para visibilizar el violento impacto de la motosierra presupuestaria.
El diagnóstico de la situación actual es desolador. El financiamiento real del sector acumula una estrepitosa caída del 50,8% desde el año 2023. El golpe definitivo se evidencia en las proyecciones macroeconómicas para este 2026, donde la inversión destinada a la función de Ciencia y Técnica de la Administración Pública Nacional caerá a un histórico y marginal 0,140% del PBI. Este indicador representa, de forma alarmante, el nivel más bajo registrado en la serie estadística nacional desde que se iniciaron las mediciones en el lejano año 1972.
Despidos masivos y la disolución de institutos clave del país
«El sistema está desmantelado. Sufrimos recortes presupuestarios, parálisis de proyectos estratégicos para el país y la expulsión de profesionales altamente formados y de jóvenes en formación», alertaron con crudeza voceros de las distintas dependencias científicas durante la lectura del documento central. Los manifestantes hicieron hincapié en el drama humano y laboral que azota al sector desde la asunción de la gestión del presidente Javier Milei, periodo en el cual se exterminaron miles de puestos de trabajo genuinos entre científicos de carrera, personal técnico y becarios de posgrado. La alarmante estadística arroja una alarmante sangría de casi ocho puestos de empleo destruidos por día.
La destrucción de la infraestructura estatal no se limita al recorte de personal, sino que avanzó directamente sobre la arquitectura institucional de la salud y el agro. Entre las consecuencias más feroces del actual desmantelamiento, los organizadores enumeraron la disolución total del Instituto Nacional del Cáncer, del Instituto Nacional de Semillas (INASE), del Instituto Nacional del Agua (INA) y del Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMET). A este sombrío panorama se le suma un peligroso debilitamiento operativo de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), drásticos recortes de guardaparques y técnicos, y el remate de tierras productivas pertenecientes al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
