El aparato productivo nacional enfrenta una encrucijada letal que destruye cualquier intento de proyección internacional.
Un exhaustivo y reciente relevamiento privado desnudó las severas falencias estructurales que arrastra la economía local, confirmando que la falta de competitividad industrial no da tregua. Pese a los intentos oficiales por estabilizar las variables macroeconómicas, la realidad de las fábricas y empresas nacionales muestra que fabricar cualquier bien en territorio local demanda un esfuerzo financiero desproporcionado en comparación con las principales potencias comerciales de la región.
Un ranking dramático: casi 50% más caro que los vecinos
La voz de alarma la encendió un minucioso documento de la Fundación Mediterránea (FM), el cual ejecutó una exhaustiva comparación internacional de precios de insumos industriales, abarcando tanto bienes terminados como servicios esenciales y mano de obra. La conclusión del informe arroja luz sobre el eterno «costo argentino» y la preocupante falta de productividad: en promedio, el costo de producción en la Argentina se posiciona un escalofriante 49% más caro que en el resto de las naciones relevadas, que incluyen a potencias y socios comerciales clave como Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y los Estados Unidos.
El análisis abarcó 17 bienes y servicios críticos distribuidos en sectores generales, construcción, industria manufacturera, alimentos y Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), completando un esquema de 80 comparaciones de precios. El economista a cargo del informe, Marcos Cohen Arazi, advirtió que si bien se nota una convergencia de precios con los países vecinos, no existen mejoras significativas en la competitividad. Esto evidencia la urgencia de aplicar reformas adicionales y la necesidad de tiempo para que el rezagado ajuste de precios relativos termine de asentarse.
Radiografía del costo por rubro: de la harina al salario informático
El desglose del informe expone las asimetrías más profundas. Brasil se coronó como el territorio más competitivo y con menor costo comparado, ofreciendo insumos más económicos en el 65% de los casos analizados. Detrás se ubicaron Chile —un 64% más barato, especialmente en manufactura y construcción— y Paraguay, con ventajas en el 56% de los insumos. En el otro extremo del ranking de costos (ordenado de mayor a menor gasto relativo) se posicionaron Estados Unidos y Uruguay. Frente a la economía norteamericana, solo el 24% de los precios locales son más económicos, mientras que el 40% de los insumos uruguayos son más baratos que los afrontados por las industrias en la Argentina.
Al analizar las categorías de insumos, la situación se vuelve sumamente compleja. En materia energética, la electricidad argentina es más barata en solo uno de los cinco países de la comparación, mientras que los combustibles locales son más caros que en tres de las cinco naciones. En el ecosistema de las TICs, los salarios de programadores y los espacios de coworking resultan más baratos que en la Argentina en cuatro de los cinco países evaluados, al tiempo que internet es más accesible en dos de ellos. Por el lado de los neumáticos, el escenario es ambiguo: solo Chile y Paraguay manejan valores menores a los locales, aunque la brecha se moderó. En la mesa de los alimentos, el azúcar es más barata en Argentina, pero la harina es sustancialmente más costosa que en cuatro de las cinco economías vecinas. Pese a todo, Cohen Arazi destacó que la brecha promedio se viene reduciendo muy lentamente por la dinámica interna de precios, la cotización de monedas y los cambios internacionales; con Brasil, Chile y Paraguay la distancia media pasó del 5,8% en julio de 2025 al 2,2% en julio de 2026, mientras que con Uruguay y Estados Unidos se achicó del 42,5% al 36,4% en el mismo periodo.
