El impacto del entorno digital en la salud emocional de las nuevas generaciones suma nueva evidencia científica desde la academia argentina
Un novedoso estudio empírico determinó que las experiencias negativas en redes sociales causan ansiedad inmediata en jóvenes, demostrando por primera vez una relación de causalidad directa tras exponer a estudiantes a breves dinámicas adversas en entornos virtuales.
La investigación fue desarrollada por el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (FCE-UNLP), con un equipo integrado por María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri.
Experimento de laboratorio y resultados causales
El trabajo científico analizó una muestra representativa de más de 500 estudiantes universitarios ingresantes, evaluados mediante el reconocido inventario internacional STAI (State-Trait Anxiety Inventory):
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Metodología y escenarios: Los participantes fueron divididos al azar en dos grupos. El grupo evaluado leyó cinco escenarios hipotéticos comunes: no recibir «me gusta», recibir comentarios negativos, ver vidas idealizadas, cruzarse con un video propio generado por IA y ser ignorado por amigos.
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Impacto inmediato: Tras una breve lectura de situaciones hipotéticas, los niveles de ansiedad aumentaron de manera significativa en 0.09 desviaciones estándar en comparación con el grupo expuesto a contenidos neutros.
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Sesgo de género inesperado: El incremento emocional de la ansiedad fue notoriamente superior en varones. Las investigadoras señalan que las mujeres podrían tener niveles basales de ansiedad más elevados por hábito digital, registrando menor margen de variación frente a estos estímulos.
Hiperconexión y replanteo de políticas públicas
El relevamiento expuso además los marcados hábitos de consumo en la población joven durante este año 2026, donde el 60% de los encuestados pasa más de cuatro horas diarias conectado durante días hábiles, cifra que trepa al 72% durante los fines de semana.
Las conclusiones del informe científico ratifican que la calidad del contenido y el tipo de experiencias puntuales resultan tan determinantes para el bienestar psicológico como la cantidad total de tiempo frente a las pantallas. Este hallazgo abre la puerta a reorientar los programas de alfabetización digital y las políticas públicas de salud mental.
