El plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para avanzar sobre Groenlandia generó un inesperado cortocircuito con la ultraderecha europea, hasta ahora aliada ideológica del movimiento MAGA
La iniciativa puso en primer plano un límite claro: cuando entra en juego la soberanía nacional, los acuerdos políticos empiezan a resquebrajarse.
La intención de Trump de tomar control sobre Groenlandia expuso tensiones profundas con dirigentes nacionalistas del Viejo Continente. Líderes de la extrema derecha de países como Alemania, Francia e Italia cuestionaron duramente la iniciativa, al considerarla una amenaza directa al equilibrio geopolítico y a la soberanía europea.
Incluso figuras históricamente cercanas al expresidente estadounidense, como Nigel Farage, referente del partido Reformar Reino Unido, calificaron el plan como “un acto muy hostil”, marcando un quiebre en una relación que parecía sólida.
El distanciamiento llega al Parlamento Europeo
La incomodidad no se limitó a declaraciones públicas. En el Parlamento Europeo, legisladores de ultraderecha —habitualmente alineados con Trump— apoyaron frenar un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. Argumentaron que las advertencias del mandatario norteamericano constituyen “coerción” y “amenazas a la soberanía”.
El giro resulta llamativo si se tiene en cuenta que estos partidos crecieron con fuerza en 2024 y hoy concentran alrededor del 26% de los escaños del Parlamento Europeo, según datos citados por Ámbito.
Posturas divididas dentro del bloque europeo
Mientras algunos líderes occidentales marcaron distancia, otros optaron por una postura más cautelosa. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, sostuvo que Groenlandia es “un asunto interno, un asunto de la OTAN”, y evitó la confrontación directa. En tanto, dirigentes de Polonia, República Checa y Eslovaquia eligieron el silencio o llamados al diálogo.
Este contraste evidencia que la ultraderecha europea no actúa como un bloque homogéneo cuando se cruzan intereses estratégicos.
¿Una ruptura pasajera o un quiebre definitivo?
Para el analista Daniel Hegedüs, del German Marshall Fund, la afinidad ideológica podría recomponerse si se retoman banderas comunes. Sin embargo, advirtió que si Trump persiste en políticas percibidas como amenazas a la soberanía europea, la división podría profundizarse.
En esa línea, la Agrupación Nacional francesa comenzó a marcar distancia. Su presidente, Jordan Bardella, denunció el “chantaje comercial” de Trump y sostuvo que “la subyugación sería un error histórico”. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, también le transmitió al mandatario estadounidense que sus amenazas arancelarias representan “un error”.
El caso Groenlandia dejó al descubierto una tensión latente: la coincidencia ideológica no siempre alcanza para sostener alianzas cuando los intereses nacionales están en juego. La incógnita ahora es si este episodio será solo un traspié coyuntural o el inicio de una fractura duradera entre el trumpismo y la ultraderecha europea.




