Peligro en Los Alerces: el segundo árbol más viejo del mundo bajo amenaza.
La crisis ígnea que golpea a la provincia de Chubut ha alcanzado un punto de extrema sensibilidad ambiental. El avance de las llamas en el Parque Nacional Los Alerces no solo devasta hectáreas de bosque nativo, sino que pone en riesgo directo a uno de los tesoros biológicos más importantes del planeta: el «Abuelo», un ejemplar de alerce milenario que es considerado el segundo árbol más longevo de la Tierra.
La proximidad de los focos activos ha encendido todas las alarmas de los organismos de conservación, quienes trabajan a contrarreloj para evitar una pérdida irreparable para el patrimonio natural de la humanidad.
Un patrimonio milenario en riesgo por el fuego
El ejemplar en cuestión, un Fitzroya cupressoides de más de 2.600 años de edad, se encuentra en un sector que actualmente es acechado por la intensidad del frente ígneo.
Según NAP, las brigadas de combate han redoblado sus esfuerzos en la zona del brazo norte del Lago Menéndez, donde se ubica este santuario natural.
La complejidad del terreno y la sequedad de la vegetación circundante transforman al sector en un polvorín, donde una chispa transportada por el viento podría terminar con milenios de historia biológica en cuestión de minutos.
Estrategias de defensa para proteger al «Abuelo»
Para blindar al gigante milenario, el Comando Unificado ha dispuesto una estrategia de protección específica que incluye la instalación de sistemas de riego por aspersión en el área perimetral del árbol.
Se busca mantener una «burbuja de humedad» que actúe como barrera ante el calor radiante de los focos cercanos. Además, cuadrillas de elite se encuentran realizando tareas de desmonte preventivo, eliminando material combustible fino en las inmediaciones del sendero del Alerzal Milenario para garantizar que, en caso de que el fuego avance, no encuentre sustento para propagarse hacia los ejemplares más antiguos.
El alerce: un símbolo de resistencia que clama por agua
El alerce es una especie de crecimiento extremadamente lento, lo que hace que su recuperación ante un incendio sea prácticamente imposible en escalas de tiempo humanas.
Mientras los medios aéreos concentran sus descargas de agua en los flancos que avanzan hacia el Alerzal, los expertos advierten que la única solución definitiva sería una lluvia abundante que humecte profundamente el suelo y la corteza de estos gigantes.
La comunidad científica internacional observa con preocupación el desarrollo de los operativos, entendiendo que el «Abuelo» es un testigo vivo de la historia climática del mundo que hoy pende de un hilo.




