El sorteo de la Libertadores dejó a Boca en una zona accesible con Cruzeiro, Universidad Católica y Barcelona, pero el análisis va mucho más allá. «El principal rival es Boca», advierten las voces críticas. La falta de técnico, las decisiones de la dirigencia y el presente del equipo generan más dudas que certezas a semanas del debut.
Nadie en su sano juicio puede decir que a Boca le tocó una zona terrible. No es un grupo de pesadilla donde hagan falta milagros para clasificar. Ni los viajes son extremos, no hay altura, no hay cucos ni rivales inaccesibles. Cruzeiro viene de ser penúltimo en el Brasileirao, Barcelona tiene al Pipa Benedetto que estuvo dos años sin hacer un gol, y Universidad Católica es el representante de un fútbol que no clasifica a los mundiales. El problema, entonces, no está afuera. Está adentro.
Boca no es Boca: un presente que preocupa
El principal argumento de los que miran con preocupación el futuro inmediato es contundente: Boca no es Boca. O mejor dicho, no es el Boca que arrasaba rivales por presente y respeto, por chapa, por peso de camiseta y nombres. No lo hace en el torneo local, donde pena por entrar en un grupo de ocho y está 14° de 30 en la general, fuera de todo para 2027, con rivales francamente impresentables.
A pesar de la ligera levantada de los últimos partidos, el equipo sigue sin hacer pie. Viene de cuatro empates consecutivos en la Bombonera, el lugar sagrado donde no se puede perder un solo punto en la Libertadores. Ese andar a los tumbos, sin técnico y sin perspectivas de cambio en lo inmediato es lo que llena de interrogantes. No se sabe bien qué se es, a qué se quiere jugar, y se sufre ese doble comando que tanto daño hace desde hace tiempo.
La crítica a Riquelme: «El verdadero grupo de la muerte»
El análisis se vuelve punzante cuando apunta a la conducción. «Un presidente-ídolo que se cree con derecho a meterse en el armado del equipo, que decide solo los refuerzos y generalmente se equivoca. Él y quienes lo acompañan en los puestos clave son el verdadero grupo de la muerte», se lee en un editorial que encendió la polémica.
Las contradicciones del presidente Juan Román Riquelme son puestas en la mira. «Escucharlo declarar es, en esta hora gris, casi un acto de heroísmo por la turbidez de sus pensamientos enroscados. Cuando dice que Cavani nos va a dar muchas alegrías, un Cavani que no puede ni caminar de los dolores de columna, hay que pensar que se está riendo de nosotros o que está extraviado y vive una realidad paralela».
Obras de la Bombonera y promesas incumplidas
La crítica también alcanza a las promesas incumplidas. «Cuando dice que falta un solo paso para arrancar con la obra de la Bombonera y la CNRT lo manda al rincón, a hacer un proyecto serio, empiezan a reconocer sus loritos que efectivamente hay aún un largo camino por delante con distintas instituciones que ni siquiera conocían».
Y la comparación con su propia historia es inevitable: «¿Es el mismo tipo que decía que los buenos ganan la Libertadores y hoy ensalza los triunfos contra el semiamateur Gimnasia de Chivilcoy en el medio de una gala sudamericana? ¿Qué le pasó? ¿En qué te has convertido, Román?»
La esperanza: Paredes, Zeballos y los nombres que pueden salvar la fase
En medio de la tormenta, las esperanzas se concentran en nombres propios. «Nuestra esperanza, hoy, se llama Leandro Paredes. Rogamos que vuelva rápido el Changuito Zeballos, que Bareiro concrete lo bueno que insinúa, que Aranda se asiente y sea una realidad».
Son nombres, no un equipo. Se espera que durante esta primera fase puedan salvar al equipo para que en el intervalo del Mundial lleguen refuerzos: un arquero, un 4, Dybala (ojalá que sano), un extremo más.
La ironía final: agradecer que no hubo que mandar un mail
El cierre del análisis es una ironía que refleja el descontento: «Por ahora hay que agradecer que el sorteo en Paraguay fue presencial y que no hubiera que mandar ningún mail anotando al equipo en tiempo y forma. Y también agradezcamos que al menos en este tiempo del año nuestra hermana república tenga el mismo huso horario que nosotros. Una bendición».
La conclusión es clara: el grupo de la muerte no es el que le tocó a Boca en el sorteo. El verdadero desafío está en la propia casa.




