El sector pesquero argentino comenzó a discutir con mayor intensidad la cuotificación del langostino, un sistema que podría modificar la forma en que se administra uno de los recursos más importantes de la actividad.
La propuesta apunta a establecer límites de captura para cada actor de la pesquería con el objetivo de ordenar el esfuerzo de pesca y generar mayor estabilidad tanto biológica como económica.
Desde la industria explican que el sistema consiste en fijar un volumen total de captura anual y distribuirlo entre las empresas según distintos criterios establecidos por la normativa. En ese marco, el representante de CAPIP, Damián Santos, explicó en el programa El Quinto Poder a través de #LA17, que el mecanismo parte de una recomendación científica sobre cuánto recurso puede extraerse sin afectar la sustentabilidad.
Ese volumen máximo se transforma en el Total Admisible de Captura (TAC), que luego se reparte entre los participantes de la pesquería. Cada empresa recibe un porcentaje de ese total en función de distintos parámetros que contempla la legislación. De acuerdo con LA17, Santos explicó, “la cuotificación es un sistema de administración que está basado en asignar un total de pesca anual”.
El debate no es nuevo dentro de la actividad pesquera argentina. El sistema ya se aplica desde hace años en la pesquería de merluza, donde se implementó para frenar la sobreexplotación del recurso. De hecho, ese esquema se renovó recientemente tras cumplir el período de vigencia establecido por la ley.
En el caso del langostino, el planteo aparece vinculado a la creciente presión sobre el recurso. La incorporación de nuevas tecnologías, barcos más grandes y mejoras en la eficiencia operativa incrementó la capacidad de captura en el mismo período de tiempo. Según Santos, “los barcos cada vez son más grandes, tienen mejoras tecnológicas y mayor eficiencia operativa”, lo que eleva el esfuerzo pesquero sobre la especie.
Ese aumento del esfuerzo genera preocupación entre distintos actores del sector, que advierten sobre el riesgo de afectar la disponibilidad futura del recurso. La lógica de la cuotificación busca justamente moderar esa presión y distribuir la actividad a lo largo de la temporada en lugar de concentrarla en una carrera por capturar la mayor cantidad posible.
Además del aspecto biológico, la discusión también tiene un componente económico. El langostino argentino mantiene un alto reconocimiento internacional por su calidad, pero enfrenta fluctuaciones de precio vinculadas a la oferta disponible en el mercado. Para Santos, uno de los problemas actuales es la falta de previsibilidad en la cantidad de producto que llegará al mercado.
En ese sentido sostuvo que el producto “tiene un gran problema hoy, que es que en el mercado su precio es menor que su valor”, una situación que, según explicó, responde en parte a las expectativas de los compradores sobre futuras capturas. Cuando el mercado espera una mayor oferta en el corto plazo, tiende a retrasar las compras y presiona los precios a la baja.
La cuotificación también podría cambiar la dinámica de trabajo de las empresas. Con un volumen asignado de captura, cada actor podría decidir cuándo salir a pescar dentro del período habilitado por la autoridad de aplicación. Eso permitiría distribuir el esfuerzo pesquero a lo largo de la temporada y evitar concentraciones excesivas de barcos en determinadas zonas.
De todos modos, el escenario que enfrenta la industria pesquera no depende únicamente de decisiones internas. El sector también observa con preocupación factores externos que pueden afectar el comercio internacional. Entre ellos aparecen los conflictos geopolíticos que impactan en las rutas marítimas y en los costos logísticos.




