Con un consumo promedio de 12 kilos por persona al año, el queso se consolida como el rey de la mesa nacional
Desde el clásico cremoso hasta la infaltable provoleta, un repaso por las variedades que definen nuestra identidad gastronómica y cómo elegirlas.
En Argentina, el queso es mucho más que un ingrediente: es un ritual. Ya sea en la pizza del sábado, el bloque de dulce y mantecoso de los postres vigilantes o el rallado generoso sobre los fideos del domingo, este derivado lácteo es protagonista absoluto. Cada 27 de marzo, el Día Mundial del Queso invita a celebrar esta herencia que combina la tradición europea con el paladar local, alcanzando cifras de consumo que lo posicionan como un alimento esencial en la canasta familiar.
Los más buscados: del cremoso a la mozzarella
El mercado local tiene una clara inclinación por los denominados «quesos blandos», que representan el 70% del volumen de producción en empresas líderes como Vacalín. El queso cremoso encabeza la lista por su versatilidad y costo, siendo el aliado perfecto tanto para tartas como para el clásico postre con dulce de membrillo o batata.
Por otro lado, la mozzarella se mantiene como la reina indiscutida de las pizzerías y preparaciones calientes debido a su capacidad única de fundido. Según los expertos, conocer el nivel de humedad y la textura de cada variedad es el secreto para transformar un plato simple en una experiencia gourmet. En el segmento de los semiduros, el pategrás y el gouda aportan esa intensidad justa que los hace ideales para picadas y sándwiches seleccionados.
Iconos de la parrilla y la cocina diaria
No se puede hablar de la pasión argentina por el queso sin mencionar a la provoleta. Este disco de masa hilada se ha convertido en un ícono del asado, valorado por su punto exacto de derretimiento y su corteza crocante. Junto a ella, el reggianito y el sardo dominan el rubro de los quesos duros, aportando el toque salino y picante necesario para realzar cualquier plato de pastas.
La oferta se ha diversificado notablemente en los últimos años. Variedades como el cheddar, el fontina y el tybo (el clásico queso «de máquina») han ganado terreno en el consumo cotidiano gracias a su practicidad y sabores equilibrados. Esta evolución refleja un consumidor más curioso, que busca calidad y origen en cada bocado, apoyado por una industria nacional que produce cientos de toneladas mensuales para abastecer la demanda interna.
Claves para la tabla ideal
Para festejar este día, los especialistas sugieren armar tablas que jueguen con los contrastes. Es recomendable incluir al menos un exponente de cada familia: un blando (como el Por Salut), un semiduro con «ojos» (pategrás) y un duro para rallar o trocear. La temperatura es fundamental: para apreciar el aroma y la textura real de un buen queso, lo ideal es retirarlo de la heladera unos 20 minutos antes de consumirlo. Así, la tradición quesera argentina sigue más viva que nunca, adaptándose a las nuevas tendencias sin perder su esencia artesanal.




