El ex presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue trasladado de urgencia este viernes desde el complejo penitenciario de Papuda hacia un hospital privado en Brasilia
Tras sufrir una descompensación en su celda, los médicos confirmaron que padece una bronconeumonía bacteriana bilateral, cuadro que obligó a su internación inmediata en la unidad de cuidados intensivos.
El ex mandatario de 70 años presentó fiebre alta, vómitos y una preocupante caída en su saturación de oxígeno durante la madrugada en prisión.
El parte médico: alerta por infección pulmonar
Bolsonaro ingresó al Hospital DF Star con un cuadro clínico complejo caracterizado por sudoración intensa, escalofríos y una infección que afecta a ambos pulmones. Según detallaron las autoridades sanitarias, ya comenzó un tratamiento con antibióticos por vía intravenosa y permanece bajo monitoreo constante para evitar que el cuadro derive en una insuficiencia respiratoria mayor.
Su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, fue el encargado de confirmar la noticia a través de sus redes sociales, pidiendo cadenas de oración a sus seguidores. Esta es la primera vez que el líder de la ultraderecha brasileña abandona el penal desde que comenzó a cumplir su condena el pasado 15 de enero.
De la prisión al hospital: el contexto de su condena
Bolsonaro se encuentra recluido en el sector de «Papudinha» tras ser sentenciado a 27 años de cárcel por su participación en la tentativa de golpe de Estado vinculada a los comicios presidenciales. Las autoridades de la Policía Militar coordinaron el operativo de traslado luego de que el personal médico de la cárcel advirtiera que la salud del recluso corría peligro.
Según Canal12web, los antecedentes de salud de Bolsonaro juegan un papel crucial en su evolución actual. Desde el atentado con arma blanca que sufrió en la campaña de 2018, el ex jefe de Estado ha pasado por múltiples cirugías y hospitalizaciones recurrentes, principalmente por obstrucciones digestivas y complicaciones derivadas de aquella herida.
El estado de salud del ex mandatario mantiene en vilo no solo a sus simpatizantes en Brasil, sino a toda la comunidad internacional, dado que su evolución clínica podría reabrir debates sobre las condiciones de su reclusión y posibles pedidos de prisión domiciliaria por motivos humanitarios.




