A 30 días del inicio de las hostilidades entre la coalición de EE. UU. e Israel contra Teherán, la escalada militar no encuentra techo
Con líderes iraníes abatidos, bloqueos comerciales y una presión asfixiante sobre los precios de la energía, Donald Trump se debate entre la ofensiva total o una salida diplomática incierta.
La guerra en Medio Oriente ha cumplido su primer mes de vigencia, transformando radicalmente el tablero geopolítico y económico global. Lo que comenzó como una serie de ataques aéreos masivos se ha convertido en una contienda de desgaste que mantiene en vilo a los mercados internacionales. El impacto más directo se siente en los surtidores: el alza sostenida en los precios del petróleo amenaza con desestabilizar las economías occidentales mientras el control del Estrecho de Ormuz sigue siendo el principal botín de guerra.
Crónica de un mes de máxima tensión militar
El conflicto estalló con una intensidad que, según el Pentágono, duplicó la potencia de fuego vista en la invasión de Irak en 2003. La primera semana marcó un hito con la muerte del Líder Supremo, Alí Jamenei, junto a figuras clave de la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, lejos de desmoronarse, el régimen persa respondió con el bloqueo del Estrecho de Ormuz, una arteria vital por donde circula gran parte del crudo mundial.
A medida que avanzaron las semanas, los ataques israelíes y estadounidenses se desplazaron hacia objetivos estratégicos de infraestructura. Por primera vez, los bombardeos alcanzaron depósitos de petróleo y yacimientos de gas, como el de South Pars. La respuesta iraní no se hizo esperar, impactando con misiles en ciudades del sur de Israel como Dimona y activando el brazo armado de Hezbolá para coordinar ataques diarios contra las tropas invasoras en el Líbano.
El dilema de Donald Trump y la vía diplomática
En Washington, el presidente Donald Trump enfrenta una encrucijada crítica. Con índices de aprobación en juego y la presión de evitar una «guerra interminable», el mandatario ha desplegado una estrategia de doble vía: por un lado, propone un plan de paz de 15 puntos; por el otro, amenaza con la destrucción total de las centrales eléctricas de Irán si no se libera el comercio de crudo.
La desconfianza es el mayor obstáculo. Mientras Trump asegura que Teherán está «suplicando» un acuerdo, los nuevos líderes iraníes, encabezados por Mojtaba Jamenei (hijo del fallecido líder), mantienen una postura intransigente. La designación de sucesores aún más radicales complica cualquier esfuerzo mediador, mientras que el despliegue de 10.000 drones interceptores estadounidenses en la región sugiere que la desescalada está todavía lejos de ser una realidad.
Consecuencias de una guerra energética total
El conflicto ha entrado en una fase peligrosa donde la «guerra energética» es la principal herramienta de presión. Israel ha golpeado fábricas siderúrgicas y reactores nucleares, provocando advertencias de represalias masivas contra instalaciones industriales en toda la región. Países mediadores como Qatar han advertido que la «aniquilación total» no es una opción viable y claman por un retorno urgente a la mesa de negociaciones.
Para la Argentina y el resto del mundo, el seguimiento de este conflicto es vital. La persistencia de la guerra no solo redefine las alianzas en el Golfo Pérsico, sino que garantiza una volatilidad en el precio de los combustibles que impactará en la inflación global durante los próximos meses.




