Hugo Sigman está otra vez en el ojo de la tormenta. Pero no es la primera vez. Mucho antes de la causa por las vacunas de la pandemia, el empresario farmacéutico ya había quedado en la mira de la Justicia y el periodismo por un motivo mucho más oscuro: la efedrina.
En 2016, el reconocido periodista Carlos Pagni publicó en La Nación un artículo titulado «El eslabón que une crimen y política: la efedrina», donde desnudó los vínculos del dueño del laboratorio Chemo con el tráfico de precursores químicos, aportes millonarios a la campaña kirchnerista y su estrecha relación con Alberto Fernández, Juan Manzur y hasta el entorno del papá Francisco. Ahora que Sigman enfrenta una nueva indagatoria por las vacunas, aquel viejo artículo se lee como un capítulo adelantado de una historia que nunca terminó de cerrarse.
10 tambores de pseudoefedrina en Ezeiza: el cargamento fantasma que Sigman nunca reclamó
Todo comenzó con una denuncia del entonces director de la Aduana suspendido, Juan José Gómez Centurión. En un depósito de Aeropuertos Argentina 2000, en Ezeiza, aparecieron 10 tambores de pseudoefedrina almacenados desde el 11 de junio de 2011. La mercadería había sido enviada desde Suiza con destino a Paraguay, pero la Sedronar impidió su traslado por falta de un certificado de la ANMAT. ¿El remitente? La filial suiza de Chemo, el laboratorio de Hugo Sigman. El destinatario: el laboratorio paraguayo Comfar.
Desde Chemo aclararon que la droga era pseudoefedrina (menos potente que la efedrina) y que habían presentado reclamos. Pero nunca iniciaron acciones legales para recuperar la mercadería. Un detalle que, para Pagni y para la Justicia, olía mal.
Los $18.000 dólares de Sigman al arrepentido Pontaquarto: solidaridad o algo más?
La vinculación de Sigman con la política no era nueva. Pagni recordó que el empresario ofreció su revista Txt para que el arrepentido Mario Pontaquarto denunciara los sobornos en el Senado durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Y lo hizo bajo el amparo de Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete de los Kirchner.
Pero lo más jugoso vino después: Pontaquarto reveló que recibió de Sigman 18.000 dólares para pagar a su abogado y proteger a su familia. Una «solidaridad» que despertó el rencor de muchos dirigentes radicales y que, para muchos, olía a financiamiento encubierto.
El círculo íntimo: Alberto Fernández, Manzur, Kicillof y hasta el Papa
El artículo de Pagni trazó un mapa de poder alrededor de Sigman que impresiona. No solo estaba próximo a Alberto Fernández (el mismo que después anunciaría la vacuna de Oxford-AstraZenaca), sino que tuvo una fuerte gravitación sobre el ex ministro de Salud de Cristina, Juan Manzur. En Tucumán aseguraban que Adrián Kochen, un gerente de la campaña de Manzur a la gobernación, también estaba ligado a Sigman. Y más: el periodista señaló que Sigman influyó para que Lino Barañao continuara en el Ministerio de Ciencia durante el gobierno de Macri.
Pero la lista sigue. Sigman es amigo de Felipe González, el ex presidente español, y de Daniel Barenboim. Uno de sus hijos, Leandro Sigman, fundó la Cámara Empresarial Argentina bajo el padrinazgo del embajador kirchnerista Carlos Bettini. También editó en Madrid un libro de Axel Kicillof titulado «Volver a Keynes». Y para coronar, el miércoles previo a la publicación de la nota, Sigman había visitado al Papa Francisco en Roma en un encuentro interreligioso. Allí se reencontró con Gustavo Cinosi, el hombre encargado de esa área en la OEA y socio de Jorge Chueco, el abogado de Lázaro Báez.
Efedrina, dinero negro y la campaña de Cristina 2007
Pagni también vinculó a Sigman con el financiamiento de la campaña presidencial de Cristina Kirchner en 2007, que estuvo bajo la responsabilidad de Alberto Fernández a través de Héctor Capaccioli, el superintendente de Salud que controlaba a las droguerías. Entre los mecenas de esa campaña aparecían Sebastián Forza y Julio Pose. Forza fue uno de los tres empresarios que exportaban efedrina a los carteles mexicanos y que aparecieron asesinados en Quilmes y hallados en General Rodríguez. Pose fue el último en verlos con vida y resultó ser un informante de la SIDEen la época de Antonio Stiuso.
El propio Gómez Centurión lo había dicho: «Cuando me metí con la efedrina toqué un cable de alto voltaje». Y Pagni agregó una especulación que recorrió los pasillos del poder: al menos dos dirigentes del oficialismo aseguraban que Stiuso se había acercado a Sigman y que incluso comieron juntos en los dos meses previos a la nota.
El rol de la Aduana, Bullrich y el juez Lijo
El hallazgo de los tambores desató una crisis en el gabinete de Macri. La entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, denunció que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) había informado sobre esos barriles en mayo al director de la Aduana de Ezeiza, Gustavo Curátolo, pero que la Aduana no hizo la denuncia.
Fue una imputación velada contra Gómez Centurión o, quizás, una ratificación de lo que él venía denunciando: que la Aduana estaba carcomida por la corrupción. El juez que debía despejar la incógnita era, otra vez, Ariel Lijo. El mismo que hoy investiga a Sigman por la causa de las vacunas.
Un malentendido o la punta del ovillo del crimen organizado
El artículo de Pagni cerró con una advertencia que resuena hasta hoy: «La Justicia tal vez le dé la razón a Sigman y determine que su relación con la efedrina es nada más que un malentendido. Igual la denuncia de Gómez Centurión tiene efectos relevantes.
Obliga a esclarecer el comportamiento de la Aduana y de la PSA». Pero también dejó una frase que quedó flotando: «Queda cada vez más clara la necesidad de garantizar la calidad de esa institución». La efedrina, ese eslabón que une crimen y política, volvió a aparecer. Y Sigman, otra vez, está en el centro.
Carlos Pagni lo escribió en 2016: la efedrina es el eslabón que une crimen y política. Hugo Sigman ya había aparecido vinculado a esa trama, con 10 tambores en Ezeiza, aportes económicos a arrepentidos y amistades incómodas. Ahora, mientras la Justicia lo investiga por las vacunas de la pandemia, aquel artículo se convierte en una pieza clave para entender al hombre que hoy tiene que dar explicaciones.
