La feroz embestida opositora contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se convirtió de forma inesperada en el salvavidas político de José Mayans.
En medio de un escenario completamente fracturado y tras semanas de máxima hostilidad interna, el bloque Justicialista en la Cámara Alta logró sellar una tregua forzada, atada con alambres, para unificar posiciones frente al avance del oficialismo nacional.
Guerra interna, rumores de traición y la sombra de Capitanich
El clima dentro del peronismo del Senado venía rozando el punto de ebullición. La bancada conducida por el formoseño José Mayans atravesó jornadas críticas de extrema tensión política en los últimos dos meses. El detonante principal fue la estrategia del kirchnerismo duro, decidida a votar en contra del camarista Carlos Mahiques. Esta postura expuso una fractura expuesta cuando 14 senadores decidieron desmarcarse y votar a favor, cedingo a las urgentes presiones de sus respectivos gobernadores provinciales.
La crisis de liderazgo fue tan evidente que desató una ola de rumores sobre un inminente desplazamiento de Mayans en la conducción de la bancada. En los pasillos del Congreso comenzó a sonar con fuerza el nombre del exgobernador de Chaco y actual senador, Jorge «Coqui» Capitanich, como el elegido para tomar el control operacional del bloque. Aunque allegados directos al exmandatario chaqueño salieron a desmentir de forma categórica estas versiones ante la prensa, la volatilidad y la desconfianza mutua quedaron flotando en el ambiente legislativo.
La sangría parlamentaria y el vaciado de comisiones clave
La debilidad actual de la estructura liderada por Mayans no es un fenómeno aislado; arrastra un derrumbe histórico consolidado en febrero de este año. En ese momento, el bloque sufrió su golpe más demoledor cuando tres legisladores pertenecientes a «Convicción Federal» —Carolina Moisés (Jujuy), Guillermo Andrada (Catamarca) y Sandra Mendoza (Tucumán)— decidieron romper formalmente la disciplina partidaria. Respondiendo a los mandatos de gobernadores dialoguistas del Norte Grande, estos senadores pasaron a conformar una vía de escape que terminó aprobando leyes estructurales del Gobierno de Javier Milei, tales como el Presupuesto, pliegos judiciales estratégicos y la reforma de la ley de glaciares.
Esta diáspora redujo al peronismo a su representación numérica más baja en los últimos veinte años dentro de la Cámara Alta. A este debilitamiento se sumó una feroz controversia por el reparto de las comisiones. Varios senadores cuestionaron duramente a Mayans por su estrategia de «silla vacía» y falta de integración como protesta ante La Libertad Avanza. El conflicto administrativo continúa estancado: mientras el peronismo exige por derecho de proporcionalidad seis lugares en comisiones neurálgicas como Presupuesto y Acuerdos, la jefa del oficialismo, Patricia Bullrich, plantó bandera ofreciendo únicamente tres espacios, forzando al formoseño a refugiarse solamente en Asuntos Constitucionales y Legislación General.
El factor Adorni como salvavidas y el fantasma de fin de año
Para frenar lo que parecía una inminente moción de censura impulsada de forma implacable por el peronismo unido, fuentes parlamentarias confirmaron que el oficialismo se vio obligado a mover sus fichas con urgencia, adelantando la presentación del informe de gestión de Manuel Adorni en el Senado para el próximo 2 de julio. Este enemigo común actuó como un aglutinador instantáneo. El ataque sistemático a la figura del vocero y jefe de Gabinete le otorgó a Mayans el insumo político perfecto para sentar a todas las tribus justicialistas en la misma mesa, postergando temporalmente los pases de factura.
A pesar de que los operadores parlamentarios aseguran que el sillón del formoseño no corre peligro en el corto plazo, el futuro inmediato del bloque permanece bajo pronóstico reservado. El verdadero examen de supervivencia para esta unidad «atada con alambres» llegará hacia finales de este 2026. Con el inicio de la campaña para las elecciones presidenciales y la inevitable complejización de la interna peronista, la tregua quedará sujeta a las directrices políticas y la estrategia de fondo que dicte la expresidenta Cristina Kirchner.
