La provincia de Río Negro enfrenta un crítico y sostenido retroceso en su producción ovina.
Datos recientes confirman que el distrito perdió más de 900.000 cabezas de ganado en los últimos 15 años, una cifra que refleja la profunda caída estructural del sector ganadero y que posiciona al stock actual en uno de los niveles más bajos de toda su historia.
De acuerdo con los informes sectoriales, el rodeo ovino provincial experimentó una reducción constante durante este período. Actualmente, las existencias se ubican en torno a las 900.000 cabezas distribuidas en los diferentes establecimientos de la región, lo que consolida un proceso de achicamiento prolongado y continuo de la actividad en el territorio patagónico.
Sequía, falta de rentabilidad y abandono de campos
Los analistas y actores de la cadena ganadera coinciden en que este fenómeno responde a una combinación de factores climáticos y económicos adversos que destruyeron el capital operativo de los productores:
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Factores climáticos extremos: Ciclos de sequías recurrentes que afectaron la disponibilidad de pasturas y agua.
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Presión de predadores naturales: El impacto de especies nativas y asilvestradas sobre las majadas.
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Problemas de rentabilidad estructural: Descalce de costos y precios que asfixia los márgenes de ganancia.
Este combo de problemáticas no solo afectó los niveles de producción biológica, sino que alteró la economía regional. La ganadería ovina fue perdiendo terreno frente a otras actividades emergentes, traduciéndose en una menor inyección de inversiones y en un progresivo desmantelamiento de los campos en las zonas rurales más aisladas.
Impacto en la cadena de valor y el riesgo de concentración
La retracción del stock ganadero excede los límites de las estancias e impacta de lleno en los eslabones industriales de la región. Productores y referentes del sector advierten que este escenario debilita directamente la cadena de valor de la carne ovina y de la lana, este último un producto clave de exportación para la Patagonia.
Asimismo, los especialistas alertan sobre una inminente concentración de la producción, donde el negocio tiende a quedar reducido a un número cada vez menor de establecimientos con espalda financiera para resistir la crisis, desplazando a los pequeños productores familiares. De este modo, Río Negro se sitúa ante la urgente necesidad de implementar políticas de fondo para revertir la caída o terminar de consolidar una tendencia que debilita el arraigo rural y el desarrollo económico patagónico.
