La guerra en el este de Europa ingresa en una fase de represalias directas sobre los centros urbanos y económicos más significativos de la región.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, defendió el masivo ataque con drones lanzado contra la región de Moscú y aseguró que fue una respuesta “absolutamente justa” a los bombardeos rusos sobre territorio ucraniano. Su frase más contundente resonó en todo el mundo: “Si arde Ucrania, va a arder Moscú”.
El alcance de las incursiones aéreas ucranianas demuestra una sofisticación táctica que busca debilitar el abastecimiento de recursos energéticos del Kremlin. La ofensiva alcanzó nuevamente una refinería clave de la capital rusa y provocó varios incendios, en lo que fue considerado uno de los mayores ataques ucranianos sobre Moscú desde el inicio de la guerra. Zelensky sostuvo que la sociedad rusa debe comprender las consecuencias del conflicto impulsado por el Kremlin y reiteró que Ucrania continuará respondiendo a los ataques contra sus ciudades e infraestructuras.
Gestiones diplomáticas y pedido de armamento en Europa
El posicionamiento estratégico de las fuerzas de Kiev coincide con una intensa agenda de misiones internacionales destinadas a garantizar el soporte logístico de los bloques occidentales. Mientras participa en reuniones con aliados europeos en Bruselas, el mandatario también volvió a pedir más apoyo militar para Kiev y reclamó una mayor presión internacional sobre Rusia. Al mismo tiempo, insistió en la necesidad de avanzar hacia un alto el fuego y una negociación que permita poner fin a más de cuatro años de guerra.
