Crece el grooming en la Argentina: las plataformas digitales donde operan los agresores sexuales.
Un informe oficial del Ministerio de Seguridad de la Nación reveló una tendencia alarmante: los delitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes en entornos digitales experimentaron un incremento del 73,7% durante el último año. Con 1476 víctimas registradas en 2025 frente a las 848 del año anterior, especialistas y autoridades advierten que el grooming y la explotación sexual online han encontrado un terreno fértil en las plataformas de uso cotidiano que, a menudo, carecen de la supervisión adecuada.
Los entornos digitales como zonas de riesgo
Los agresores están volcando su actividad hacia espacios donde la interacción es constante y masiva. Videojuegos populares como Roblox, Minecraft y Free Fire, junto con redes sociales como Instagram y TikTok, se han convertido en los escenarios principales donde los victimarios establecen canales directos de contacto con menores. Estos espacios, frecuentemente elegidos por su dinamismo y el uso de chats integrados, permiten a los adultos infiltrarse utilizando identidades falsas para ganarse la confianza de sus víctimas bajo la fachada de ser otro menor de edad.
El mecanismo de coacción y extorsión
El fiscal especializado en delitos informáticos, Tomás Vaccarezza, explicó que el mecanismo comienza con una suplantación de identidad para luego avanzar gradualmente hacia solicitudes de contenido íntimo. Una vez que el agresor logra obtener una primera imagen o video, la dinámica suele transformarse en una coacción digital. Según Hernán Navarro, fundador de Grooming Argentina, esta modalidad de extorsión permite que los agresores obliguen a los chicos a producir su propio material, creando un ciclo de violencia sexual que deja secuelas profundas y duraderas, además de la circulación permanente del contenido en redes clandestinas.
Estrategias de prevención y señales de alerta
Este escenario se ve potenciado por la hiperconectividad, ya que los niños argentinos pasan un promedio de siete horas diarias conectados y muchos acceden a dispositivos propios antes de cumplir los nueve años. Para enfrentar esta realidad, los especialistas coinciden en que la prohibición no es la solución, sino que se debe priorizar el acompañamiento y la educación digital desde una edad temprana. El uso de controles parentales y, fundamentalmente, la creación de canales de confianza para dialogar sobre la actividad online son medidas clave para prevenir el avance de estos delitos.
Las familias deben permanecer alertas ante cambios bruscos en la conducta de los menores, como el aislamiento repentino, un descenso en el rendimiento escolar, la ocultación de dispositivos o el uso intensivo del celular durante la madrugada. Ante cualquier sospecha, la recomendación oficial es actuar con rapidez: contener al menor, evitar el contacto directo con el agresor, preservar todas las pruebas posibles y radicar la denuncia ante las fiscalías especializadas en ciberdelitos.
