Pánico en Villa Lago Rivadavia: el fuego acechó a metros de un lodge.
La crisis ígnea que azota a la Patagonia argentina ha alcanzado niveles de dramatismo extremo en las últimas semanas. En la zona de Villa Lago Rivadavia, el avance de las llamas dejó de ser una amenaza distante para convertirse en una pesadilla real para pobladores y emprendedores turísticos. Tristán González Branca relató la noche de terror en La Pilarica Lodge ante el fuego en Chubut.
Con más de 45.000 hectáreas ya consumidas por el fuego en el Parque Nacional Los Alerces y valles circundantes, la vulnerabilidad de los parajes rurales quedó expuesta ante la falta de avisos oficiales y una coordinación de emergencia que, en muchos casos, llegó tarde para evitar el pánico.
Una noche de vigilia y recursos improvisados
El relato de quienes enfrentaron las llamas en primera línea describe una escena apocalíptica. La noche del 21 de enero marcó un antes y un después para el establecimiento La Pilarica Lodge, cuando el fuego se posicionó a menos de 300 metros de la hostería sin que existiera un plan de evacuación municipal previo.
Según Impacto Castex, la incertidumbre se apoderó de los vecinos, quienes debieron recurrir a drones privados para localizar los frentes de avance y dar aviso a la villa, ante la llamativa ausencia de información por parte de las autoridades locales.
Ante la inminencia del desastre, la autogestión fue la única herramienta disponible. Los propietarios del lodge utilizaron bombas sumergibles para regar perímetros y proteger las estructuras, mientras se equipaban con máscaras de soldar y amoladoras para poder respirar y ver entre la densa humareda.
La lucha cuerpo a cuerpo incluyó el uso de toallas mojadas y matafuegos para sofocar focos secundarios que se encendían a escasos 20 metros de las viviendas, producto de las «pavesas» o brasas voladoras transportadas por vientos que superaban los 50 km/h.

Desbordamiento logístico y el impacto en la economía regional
El auxilio de los brigadistas y bomberos voluntarios llegó entrada la madrugada, logrando salvar casas que estaban literalmente rodeadas por el bosque. Sin embargo, la efectividad de los medios aéreos se vio severamente limitada por las condiciones climáticas extremas, dejando el peso del combate en los recursos terrestres.
Esta situación ha generado fuertes críticas hacia la gestión de la emergencia, mientras los gobernadores patagónicos reclaman con urgencia una Ley de Emergencia Ígnea nacional para canalizar fondos que ya resultan insuficientes para cubrir las más de 230.000 hectáreas afectadas en toda la región.
La devastación no es solo ambiental, sino también económica. El sector turístico, motor vital de Chubut, enfrenta una ola de cancelaciones en plena temporada alta. En Villa Lago Rivadavia, establecimientos que promediaban un 70% de ocupación han visto frenada su actividad, sumiendo a la comunidad en una crisis de insumos y subsistencia.

El panorama a futuro exige no solo una reconstrucción de la infraestructura, sino un replanteo profundo de las políticas de prevención y control dentro de las áreas protegidas para evitar que la negligencia humana —causante del 95% de los focos— siga destruyendo el patrimonio natural.




