Tragedia en Los Alerces: el fuego ya devoró más de 30.000 hectáreas.
La cordillera chubutense atraviesa una de las catástrofes ambientales más graves de su historia reciente. El incendio que se originó en el Parque Nacional Los Alerces ha superado toda capacidad de contención, extendiéndose con una voracidad inusitada hacia áreas provinciales. La combinación de una sequía extrema y condiciones meteorológicas adversas ha transformado el bosque nativo en un cementerio de cenizas, dejando a las comunidades locales en un estado de vulnerabilidad absoluta ante el avance incontenible de las llamas.
Devastación total en las zonas altas y faldeos del cerro
El panorama en las partes altas de la montaña es desolador. Relatos de pobladores y equipos tácticos en el terreno confirman que sectores clave, como los campos pertenecientes a las familias Coronado y Solís, han sido completamente arrasados por el fuego durante la jornada de este lunes. Según Red43, lo que antes era un denso bosque nativo hoy se ha convertido en una postal dantesca de tierra calcinada. La velocidad del incendio, potenciada por ráfagas que alcanzan los 50 km/h, ha eliminado cualquier rastro de vida vegetal en las cumbres, dejando el suelo totalmente desprotegido.
Cholila rodeada: el fuego cruza el río Carrileufú
La localidad de Cholila se encuentra actualmente en una situación de alerta máxima, cercada por varios frentes que avanzan simultáneamente. Durante el último fin de semana, el incendio logró cruzar el río Carrileufú, afectando severamente al Cerro Puntiagudo y proyectándose hacia zonas habitadas. Mientras el foco proveniente del Lago Rivadavia avanza sobre la estancia Los Murmullos y Villa Lago Rivadavia, un segundo incendio de grandes proporciones que baja desde Epuyén ya se sitúa en las proximidades del histórico valle de El Blanco, amenazando con un desastre de interfase.
Combate terrestre sin apoyo aéreo por falta de visibilidad
A pesar de la abnegada labor de más de trescientos brigadistas y bomberos voluntarios, la estrategia de ataque se encuentra limitada a las cuadrillas de tierra. El denso humo que cubre la comarca y la intensidad de las ráfagas han reducido la visibilidad a niveles nulos, lo que impidió la operación de aviones hidrantes y helicópteros durante gran parte del día. Sin el apoyo aéreo, el esfuerzo se concentra en defender las estructuras y viviendas, mientras se aguarda con desesperación un cambio en las condiciones climáticas que permita frenar esta avanzada destructiva.




