En una escena que parece sacada de una ficción de mal gusto, pero que ocurrió en la cruda realidad de nuestros tribunales, Gonzalo Carpintero reapareció para convertirse en el «abogado del diablo» de la cuestionada fiscal Julieta Gamarra.
En medio de una audiencia judicial, el exfuncionario no escatimó en flores para la mujer que hoy está bajo la lupa por, presuntamente, vender «libertades» al mejor postor.
Elogios que huelen a impunidad
Mientras la sociedad exige transparencia ante las denuncias que vinculan a Gamarra con el cobro de coimas para beneficiar a delincuentes, Carpintero decidió usar su tiempo frente al juez para destacar la «buena fe» de la fiscal.
»Quise primero agradecerle a usted y a la doctora Gamarra… realmente tengo los mejores conceptos de la doctora», lanzó Carpintero.
Para el polémico personaje, Gamarra es un ejemplo de la «carrera judicial». Aseguró que la respeta profundamente porque «se ha formado, se ha preparado y ha rendido». ¿Será que rinde cuentas en el expediente o en otro lado? La duda queda flotando en el aire de una provincia cansada de los manejos turbios.
El estrado: su refugio para evitar a la prensa
Carpintero fue claro: no quiere hablar con los medios, prefiere el «microclima» de la justicia para tirar sus centros. “No hablé en los medios porque quería hablar acá”, sentenció. Según él, Gamarra simplemente “está haciendo su trabajo” y hasta se animó a felicitarla públicamente, asegurando que actúa de «buena fe».
La sombra de las coimas y los 12 millones
Este «operativo clamor» de Carpintero se da justo cuando el nombre de Julieta Gamarra aparece manchado por acusaciones de una red de corrupción destinada a liberar presos o rebajar condenas a cambio de jugosas sumas de dinero.
El video de la audiencia, que ya circula en redes, cierra con una pregunta que quema: ¿Cómo se llama la obra? ¿12 millones o más?.
El respaldo de un hombre como Carpintero, lejos de ayudar a la fiscal, parece hundirla más en el fango de la sospecha.
En Cholila Online te lo preguntamos de frente: ¿Es este el nivel de justicia que nos merecemos? El debate está más caliente que nunca y la confianza pública, por el piso.




